Crónica personal

Pilar Cernuda

Derecho a la intimidad

TELMA Ortiz y su pareja han organizado gran revuelo al pedir derecho a su intimidad. La comparecencia ante un tribunal en Toledo, en el que presentaron denuncia contra casi sesenta medios de comunicación, ha sido considerada por la mayoría de los periodistas como un intento de censura previa, pero hay que ponerse en la piel de algunas personas populares a su pesar para comprender las razones que han llevado a esa decisión a la hermana de la Princesa de Asturias, que sufre un auténtico acoso por parte de cierta prensa.

Es evidente que se deben defender con uñas y dientes la libertad de expresión y el derecho a la información. Lo que habría que preguntarse es qué ocurre cuando el derecho a la información entra en el terreno de la privacidad.

Telma Ortiz no ha recibido favores especiales por ser hermana de quien es -se presentó a una oposición de la Agencia Española de Cooperación, que no ganó aunque personas relacionadas con esa oposición reconocen que contaba con méritos sobrados para hacerse con el puesto-; es verdad que logró registrar a su hija en plena huelga de funcionarios de Justicia, pero habría que explicar que ni ella ni su pareja acudieron personalmente al registro porque les esperaban docenas de cámaras para grabar su imagen; ha volcado su vida profesional fuera de España en trabajos de cooperación humanitaria, y cuando falleció su hermana Erika, incluso se resistió a aceptar el ofrecimiento de la Reina Sofía de hacer escala en el país en que se encontraba para regresar a tiempo al entierro: prefirió utilizar vuelos regulares para trasladarse de inmediato a Madrid.

Ha tenido buen cuidado de no "ejercer" de hermana más que en las celebraciones o duelos familiares. Punto. Asediada por los periodistas, en una ocasión tuvo la imprudencia de responder a quien le perseguía micrófono en mano para preguntarle por su relación con el Príncipe Alberto de Mónaco, relación que desmintió. Esa simple frase de desmentido ha sido utilizada ahora en Toledo para argumentar que hace declaraciones cuando le conviene.

El fiscal no apoya la demanda de Telma Ortíz, lo que hace presuponer que la juez va a fallar en su contra, aparte de que su abogado no ha encontrado argumentos suficientemente sólidos desde el punto de visto legal para su defendida. Sin embargo, hay que ponerse en el lugar de Telma Ortiz para comprender por qué ha tomado una decisión que la va a convertir aún más en carnaza para los periodistas o seudoperiodistas ansiosos por hurgar en vidas ajenas y comprar miserias sin diferenciar lo que es público de lo que es privado y, aún peor, diferenciar lo cierto de lo falso. O del montaje, que de eso saben mucho cantidad de figuras de la televisión que se hacen pasar por informadores rigurosos y que mienten más que hablan.

Ante el domicilio de Telma, de sus padres, suegros y abuelos, docenas de periodistas están en guardia permanente, no ha podido sacar de paseo a su hijo, ni tampoco hacer la compra, ni acudir a un cine, a una farmacia o recibir a sus amigos. Todos sus pasos son controlados, fotografiados y contados según convenga al medio que lo publique o lo emita. No tiene más intimidad que la de su vivienda.

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