El poliedro

Desmontando el'techo de cristal'

El llamado 'techo de cristal' no ya es injusto, sino que supone una fuga continua de capacidades sociales

CON el Rey en el centro, la foto recoge a unos cincuenta hombres de cierta edad vestidos de traje oscuro, sonrientes. En la esquina superior izquierda del retrato de familia, una melena color rojo maitena pone un contrapunto al severo y maqueado envoltorio de gala de portadores de testosterona: asomando como puede la cara tras los ternos de sus pares, se trata de la única mujer entre los rectores de universidad españoles (quizá halla otra, pero está aun más tapada e igual de esquinada. Por cierto, la foto de la página de aquí al lado puede valernos también). Un dato significativo, aparte de lo simbólico de la imagen rectoral, sobre todo teniendo en cuenta que las mujeres son mayoría entre el total de alumnos de la enseñanza superior española. Precisamente en este prestigioso ámbito, el Consejo Social de la Universidad de Sevilla -con una mujer como presidenta, María Luisa García- daba la palabra a la viceconsejera de Economía Carmen García Aguayo, que comenzaba su presentación con esta evidencia visual. El asunto, el techo de cristal.

Por techo de cristal se conoce a la barrera invisible que impide a las mujeres promocionar con la misma mayor o menor facilidad que los hombres. Hace más de quince años, la profesora Mercedes Sánchez-Apellániz hizo su tesis doctoral sobre este asunto, entonces novedoso en España. A día de hoy, esta expresión sigue siendo desconocida por la mayoría, incluido el mundo directivo. Conocido, desconocido o ignorado, el techo de cristal es un hecho, y esto no debe sorprender a nadie. Unos datos, sin ánimo de ser exhaustivo: Ana Patricia Botín aparte, no hay mujeres presidiendo consejos de administración en las grandes empresas españolas, y prácticamente tampoco consejeras; el reconocimiento "Honoris Causa" de las universidades españolas es en 97 por ciento otorgado a hombres; datos similares emanan de las estructuras de poder de entidades públicas o privadas (cremalleras políticas excluidas): cámaras de comercio, tribunales superiores o de cuentas, centros de investigación. La tradicional preponderancia formal de los hombres (incluido en esta expresión el machismo), el lobby masculino, la evolución social, la maternidad, los supuestos rasgos caracteriales exclusivos de cada género, la también supuesta menor ambición femenina de llegar arriba y muchas otras interpretaciones pueden hacerse para detectar causas de esta situación de hecho. Pero, más allá de las causas de este fenómeno social y del encendido y polarizado debate a que suele dar lugar ("todos/as sois iguales", etc.), querría proponer otra visión del asunto, aunque no sea original ni exclusiva de quien escribe.

Me remito a un estudio de World Economic Forum, en el que se demuestra que a mayor igualdad de género, mayor competitividad del país en cuestión. Pueden ustedes ponerlo al contrario (cuanto más competitivo es un país, mayor igualdad de géneros existe en él). ¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?: estando claro que las dos variables crecen o decrecen al unísono, no lo está cuál es causa de cuál. En cualquier caso, ¿saben cuáles son los países que puntúan más alto en ambas cuestiones? No Japón (competitivo y desigual), ni Arabia Saudí (medianamente competitivo y extremadamente desigual), ni siquiera Estados Unidos (supercompetitivo y más desigual que la propia España): los campeones equilibrados son Finlandia, Suecia y Noruega, muy competitivos y muy justos. Tengo claro que modelo -no incondicionalmente- quiero para mi país y mis hijas. Y para sus hijos también, con el debido respeto.

La labor es privada y pública, es educativa y discriminatoria (positivamente), y es cosa sobre todo de mujeres, que no pueden esperar a que los hombres nos desperecemos, perdamos el miedo y cedamos. Los hombres hacen lobby y networking; se unen para promocionar sus empresas y promocionarse ellos, también los homosexuales. Con soltura y naturalidad. Por una combinación de motivos que no sé calibrar, las mujeres no establecen redes de contactos tan eficaces en el trabajo. Éste puede ser un reto a asumir por ellas.

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