La ciudad y los días

Carlos Colón

Educación, contención, responsabilidad

EN cuanto a la prevención lo más eficaz es la educación. No sólo en el sentido de transmisión de conocimientos, sino sobre todo de valores. Esto también tiene que ver con la represión autoimpuesta como contención ética o freno moral. Desgraciadamente el déficit en esta dimensión educativa es aún mayor que el que tan gravemente afecta a los conocimientos. Padres que no supeditan su voluntad o su deseo a sus obligaciones y responsabilidades engendran, en un sentido educativo, hijos que calcan y agravan sus comportamientos. Lo escribía aquí ayer, a propósito del asesinato de Marta del Castillo y del perfil de su (presunto) asesino. Son cuestiones tan graves que merecen volver sobre ellas con una mínima reflexión.

Uno: educación en valores, antes que en conocimientos. Escribe George Steiner en La barbarie de la ignorancia: "¿Por qué las humanidades, en el sentido más amplio de la palabra, por qué la razón de las ciencias no nos han dado protección alguna contra lo inhumano? Es posible tocar Schubert por la noche y marchar por la mañana a cumplir sus obligaciones en el campo de concentración. Ni la gran lectura, ni la música, ni el arte han podido impedir la barbarie total. Han llegado a ser el ornamento de esa barbarie". En el momento actual, añado, el déficit educativo en valores y en conocimientos nos conduce a una barbarie sin ornamentos.

Dos: contención ética o freno moral. Escribe Kant en su Pedagogía: "La disciplina impide que el hombre, llevado por sus impulsos animales, se aparte de su destino, de la humanidad. (…) La disciplina es meramente negativa, esto es, la acción por la que se le borra al hombre la animalidad; la instrucción, por el contrario, es la parte positiva de la educación. (…) La barbarie es la independencia respecto de las leyes. La disciplina somete al hombre a las leyes de la humanidad y comienza a hacerle sentir su coacción. (…) Por esto, se ha de acostumbrar al hombre desde temprano a someterse a los preceptos de la razón. Si en su juventud se le dejó a su voluntad, conservará una cierta barbarie durante toda su vida. (…) Únicamente por la educación el hombre puede llegar a ser hombre".

Tres: padres que no supeditan su voluntad o su deseo a sus obligaciones y responsabilidades. Escribe Leon Bloy en su Exégesis de los lugares comunes: "Vivir su vida: esto consiste en echar a perder las vidas de los demás". La inducción ambiental invita a no autoimponerse limitaciones en la búsqueda de una felicidad personal que se entiende como realización de los deseos. Ni aunque esas limitaciones estén representadas por las responsabilidades para con los hijos.

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