editorial

Ejemplaridad en las instituciones

LA ejemplaridad en la conducta de los que ocupan las más altas instituciones del Estado es un deber democrático inexcusable en todo momento para asegurar la solidez de las mismas y la adhesión de los ciudadanos al sistema de libertades. Más aún en tiempos de crisis grave, como los que vivimos, cuando se imponen a los españoles enormes sacrificios en sus condiciones de vida y trabajo y, precisamente por ello, es más exigible un comportamiento honesto de los gobernantes y cargos públicos, que han de velar ante todo por el buen uso de los fondos que reciben y administran. Eso explica la necesidad de que se investigue la gestión de los directivos de cajas de ahorros y bancos que han conducido a estas entidades a situaciones de máxima debilidad, por lo que, para enderezarlas, ha sido obligado inyectarles financiación pública en cantidades desorbitadas. Y también que los integrantes del Consejo General del Poder Judicial, que organiza y dirige uno de los poderes básicos del Estado democrático, tengan que ser muy rigurosos en el ejercicio de sus cargos. Un acuerdo de hace años les ha permitido ahorrarse explicaciones sobre los gastos que han realizado a cuenta del presupuesto que el Parlamento les asigna con generosidad. Así lo ha hecho de modo singular el propio presidente del Consejo, que es también por ley el presidente del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, denunciado por uno de sus colegas por disfrutar de numerosos fines de semana alargados en hoteles de lujo de la Costa del Sol. Ante el escándalo desatado, Dívar accedió ayer a comparecer ante los medios informativos para negar que haya cometido ninguna irregularidad jurídica o moral por estos viajes, de oficio y también de ocio, aunque ha anunciado también que en el futuro se impondrán normas estrictas de transparencia en la utilización de las partidas presupuestarias puestas a disposición del Poder Judicial. Su comparecencia no ha sido convincente, porque no la ha sido su actuación personal al frente de una alta institución que, como otras, está salpicada por el escándalo y urgida a cambiar su comportamiento.

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