La campana

José / Joaquín / León

Elecciones en el Consejo

AUNQUE algunos consideran que el Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla es un organismo que no sirve para nada sus elecciones interesan mucho. Tanto que son las más comentadas en Sevilla, a excepción de las elecciones municipales. Y eso ocurre porque, en realidad, el Consejo sí sirve para algunas cosas. Tiene cedida la explotación de la carrera oficial, la llave para su ampliación o no, administra fondos y subvenciones, designa pregoneros, carteles e imágenes para el vía crucis… Y todo ello a pesar de unos Estatutos que se hicieron desde la desconfianza y que lo supeditan al mandato de los hermanos mayores, porque las cofradías en teoría están por encima y son las que delegan el poder.

Con estas limitaciones, se va después de ocho años de mandato Manuel Román Silva, cuya labor en general ha sido más que satisfactoria teniendo en cuenta las ataduras cofradieras y lo que está cayendo en el Estado laico. Si se pudiera presentar a la reelección, probablemente volvería a ganar. Este detalle es importante para situar a las tres candidaturas que comparecen. En este contexto Joaquín de la Peña sería el candidato oficial, el continuador natural de Román, no sólo porque ha sido uno de sus colaboradores más directos y el artífice de importantes logros, sino porque cuenta para los cargos generales con algunos de los miembros más cualificados y capillitas del Consejo saliente. Lo normal es que quienes deseen mantener el estatus actual opten por esta candidatura, que parte con vitola de favorita. La lista de Juan Carlos Heras, miembro también del Consejo saliente, sería la de la oposición interna, ya que ha colaborado con Román, pero no apoyó algunas de sus decisiones más arriesgadas y valientes, como nombrar pregonero a Antonio Burgos. Es, pues, una alternativa que nace desde dentro del propio Consejo. Por el contrario, la tercera vía que encabeza Adolfo Arenas del Castillo nace desde fuera, ya que este veterano y experto cofrade no estaba en la junta superior de la calle San Gregorio, sino como hermano mayor de La Hiniesta, desde donde anunció su candidatura, que se puede entender como una alternativa externa.

Además de unas elecciones con tres candidaturas, que originan polémica por definición, está el conflicto con la elección de los delegados de día. Según los actuales estatutos, no hay candidaturas cerradas de cargos superiores más delegados de día, sino que éstos son representantes de las cofradías de cada jornada y no delegados de Román o del que sea presidente. Se integran en el Consejo para representar al día. Por tanto, es legítimo que los hermanos mayores elijan al que consideren oportuno, se les hagan o no recomendaciones desde la presidencia. Y también es cierto que la unanimidad sólo sirve para los casos en que la hay, y en los contrarios se debe aplicar la mayoría absoluta, como pasa en los sistemas democráticos. Por ejemplo, aunque hayan aplazado la decisión, si cuatro hermanos mayores de la Madrugada quieren que su delegado sea Joaquín Moeckel debería serlo. Por varios motivos, entre ellos que representaría a la mayoría, y además en este caso concreto se trata de un ex hermano mayor y profesional de prestigio, con fama de independiente, que tiene acreditada eficacia en casos de mediación, y eso es precisamente lo que necesita la Madrugada tras sus divergencias. A la Madrugada le hace falta concordia, aunque sea sin armaos en San Lorenzo y nazarenos negros a la vera del Arco, sino de entendimiento entre las cofradías, poniendo todas grandes dosis de buena voluntad.

En las elecciones del Consejo siempre habrá margen de sorpresas porque algunos habrán prometido el voto a los tres candidatos. Otros se cambiarán a última hora, según vean el ambiente. Y, al final, el que ha ganado es el nuestro. Así pasaremos de las puñaladas en la espalda a los abrazos. Esa será la suerte del nuevo presidente.

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