Desde el fénix

José Ramón Del Río

Escáneres

EL intento de atentado, la pasada Navidad, del chapucero terrorista Umar Farouk Abdulmutaliab, que llevaba en su cuerpo lo necesario para fabricar una bomba con la que hacer explotar el avión en que viajaba y que no se detectó por los servicios de seguridad, ha hecho que se piense en los escáneres como solución para prevenir futuros intentos de atentados. Ya saben ustedes en qué consisten estos aparatos: son como los de rayos X, salvo que en lugar de aparecer su esqueleto, dibuja el contorno del cuerpo, mostrando lo que se lleva bajo la ropa y cualquier objeto que se lleve adosado a él. A juzgar por las fotos publicadas, el encargado o la encargada de visionar el aparato no despertará muchas envidias por su trabajo, porque lo que se ve en la pantalla son algo así como las momias egipcias con menos trapos.

Los ingleses, siempre tan asustadizos, han sido los primeros en instalarlos en sus aeropuertos, comenzando por el más conocido de todos ellos, como es el de Heathrow. No ha sido nunca éste un aeropuerto simpático, porque sus empleados en los controles no se recataban en mostrar sus convicciones personales, insultando a la señora que, para prevenirse del frío londinense, llevaba abrigo de pieles, aunque fueren de conejo, o extraviando deliberadamente las armas de los cazadores, hasta el punto de que era lugar común entre éstos que no se podía hacer escala en ese aeropuerto. El resto de los aeropuertos ingleses estrenarán en marzo los escáneres y no tenemos noticias de cuándo se implantaran en los aeropuertos nacionales. Todo esto se sabe por la rueda de prensa que dio el secretario de Transportes británico, que tiene el sugerente apellido de Adonis, y como no a todo el mundo se le hará pasar por el escáner, ha dicho que el criterio de selección será el azar y no la edad, género, raza u origen étnico. Nos tendrán que explicar por qué razón sólo algunos pasajeros serán "escaneados" cuando lo son todas sus maletas y bultos de mano. Ya veremos cómo seleccionan a los que han de pasar por el escáner, pero podemos apostar que los jóvenes melenudos y morenos tienen todas las papeletas. Yo me pienso ofrecer voluntario para que el visionario me diga cómo están las dos placas de metal y los cuatro tornillos que sujetan mi columna vertebral.

Habrá muchas protestas pero pocas negativas al examen, por mucho que se argumente que viola la intimidad personal, porque el que no pase por el aro no volará. Preocupa que los remedios contra el terrorismo van siempre por detrás de éste. Y es que la grandeza o la miseria del ser humano son incontrolables a priori. Capaz de la mayor de las bajezas o de la mayor de las heroicidades. Ésta es su cualidad, y contra ella poco se puede hacer.

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