La ventana

Luis Carlos Peris

Escoceses asombrados por la Avenida

AUNQUE matizada por la cercanía del solsticio, la luz caía luminosa sobre la primera arteria de la ciudad para gozo de unos guiris que aireaban su contento por una situación meteorológica que quizá no habían vivido antes. Eran aficionados del Rangers, embutidos en sus distintivas camisetas azules paseando entre las recién puestas flores de Pascua y las esculturas de Mascaró que guardan la entrada a la Casa Grande no se sabe con qué intenciones. Iban esos hinchas ya por la Avenida al olisqueo de un abrevadero donde pegarle a la birra para confirmarse que la capacidad de asombro no tiene límites cuando se dieron de bruces con una cola larguísima ante El Gato Negro. Alguno preguntó que qué era aquello y cuando se le explicó inmediatamente tiró de cámara para inmortalizarlo y, me imagino, contarlo mañana en casa. Y es que esa cola tenía un aspecto de clavo al que agarrarse...

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