La ciudad y los días

carlos / colón

Escribir desde la derrota

SE está destruyendo lo que quedaba del cine Apolo, interesante edificio de los Gómez Millán inaugurado el 9 de octubre de 1964 por la empresa Prevedoni, que también gestionaba el Regina y el Rex. Cuando cerró en los 80 se intentó sin éxito convertirlo en un teatro -tenía capacidad para 1.100 espectadores- y logró sobrevivir como local de ensayo de la Real Orquesta Sinfónica hasta su cierre definitivo. Elmer Bernstein y Jerry Goldsmith ensayaron allí sus conciertos de los Encuentros Internacionales de Música de Cine. Algún café me tomé con ellos en Los Claveles durante las pausas. Hollywood en Santa Catalina.

Hace casi exactamente un año el compañero Luis Sánchez-Moliní se felicitaba de que "para alivio de los colectivos culturales y de protección del patrimonio histórico, el pasado mes de mayo un informe del Servicio de Planeamiento de la Gerencia de Urbanismo apostó por mantener la calificación SIPS para los antiguos cines y teatros Apolo, Trajano, Pathé, Llorens y Álvarez Quintero". En aquella ocasión el señor Espadas, entonces en la oposición, aplaudió que se acudiera en auxilio de estos cines y teatros. En un año han caído el Trajano y el Apolo. Ya se verá qué pasa con lo poco que del Álvarez Quintero dejó el Monte al destrozarlo para hacer la actual sala; y con el decano de los teatros y cines de la ciudad aún en uso, el Cervantes. El Llorens es un salón de maquinitas y el Imperial está cerrado. ¿Qué hará ahora el señor Espadas?

No crean que soy más tonto de lo que soy, que ya es bastante. Sé, como sabía ayer, que a mis conciudadanos esto les importa tan poco como que se destruyera el Coliseo y se derribara el San Fernando. ¿Entonces a qué insistir? No puedo hacer otra cosa. Hace muchos años que hice mía esta frase de Piloto de guerra de Saint Exupéry: "Hago correctamente mi oficio, lo cual no impide que pertenezca a una tripulación derrotada". Hay que protestar, aunque no sirva de nada porque la razón la tiene siempre lo existente, no lo desaparecido. Tienen razón, y ahí están proclamándolo, los adefesios que se levantaron sobre los derribos. Tiene razón el edificio de C&A, no el San Fernando; la hamburguesería y el edificio de El Ocaso en la Campana, no el Gran Café de París y la Farmacia Central… Hay que recordar, aunque no remedie nada. El día en que nadie recuerde que existieron y que unos bárbaros los derribaron, habrán muerto del todo.

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