Las dos orillas

José Joaquín León

España como negocio

CUANDO Marcelino marcó aquel mítico gol de cabeza que le dio a España su primera y única Eurocopa de fútbol, cambió el rumbo de la historia. Fue algo más que un gol. Y en un país tan acomplejado como era el nuestro en 1964 se interpretó en la clave política que convenía: la España de Franco vencía en Madrid, brillantemente, a la Unión Soviética de los marxistas-leninistas. Fue un castigo por haber robado el oro de Moscú.

Es falso que no pasemos de cuartos, como ya saben en Media Markt, que devolverá a sus clientes el 25% de lo que pagaron por los televisores. La selección española no pasa de cuartos en los Mundiales, con la excepción de Brasil-1950, donde fue semifinalista. Pero ganó una Eurocopa y fue finalista en la de 1984, perdida ante Francia en París, la tarde en que cantó Arconada. Muchos que no nos hemos jubilado vimos por televisión esas dos finales, una en blanco y negro y otra en color, así que la de Viena, si lo consiguen, sería la tercera final. En el fútbol hay mala memoria histórica. Y si ganan, que no se rapen, sino que lo celebren con una mariscada de ostras y nécoras, como las del Consejo Audiovisual de Andalucía.

Vayamos pasito a pasito. Hoy, una vez más, aparece Rusia en el camino. Están en unas condiciones diferentes a las de 1964, con el marxismo-leninismo desaparecido del todo, con un presidente que se escribe Medvédev y se pronuncia Putin, y con un fútbol emergente gracias a los nuevos millonarios. Enfrente estará la España de Luis y Zapatero, La Roja más roja que nunca, o La Furia Roja, como le dicen en esa Europa que nos acoge entre los suyos, y no como en 1964, cuando era el equipo de una dictadura facha.

Han pasado 44 años y el fútbol ya no es lo que era. Mientras los aficionados lloran cuando su equipo pierde, los directivos y patrocinadores calculan los beneficios. España puede ganar hasta 23 millones de euros en esta Eurocopa. Lo más importante de la gran clasificación de cuartos de final ante Italia fue que se batió el récord de audiencia, con 15,37 millones de telespectadores, y un anuncio de Coca-Cola fue el más visto de la historia. El Grupo Prisa ha marcado un golazo con los derechos de la Eurocopa. Mientras Cuatro ha alcanzado récords de audiencia, TVE ha realizado un gran despliegue de enviados especiales para retransmitir los entrenamientos y las ruedas de prensa.

Todo hubiera cambiado si Cesc falla el penalti decisivo, o Iker Casillas no para dos. La selección española cobraría menos. Ánimo, que los anuncios de la final se pagarán a la mitad si no está nuestro equipo rojo, que hoy será amarillo, el color que mosquea a Luis. ¿Futbolistas multimillonarios? Es porque algunas jugadas valen su peso en oro. Ya le gustaría a Solbes trincar este negocio.

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