La tribuna económica

Rogelio / Velasco

Todos contra España

MUCHOS comentaristas y políticos a ambos lados del Atlántico piensan que buena parte de los problemas que padecen hoy los países se deben a que los gobiernos han gastado por encima de sus posibilidades durante muchos años. Este argumento lo traspasan a la UE, señalando a Grecia como el peor ejemplo de un Ejecutivo que ha aumentado el déficit público incluso en los años de bonanza.

Pero como Paul Krugman apunta en una breve nota de su blog, el problema de la UE y del euro no es Grecia sino España -por su tamaño- y señala que, en contra de la opinión antes señalada, sus problemas no devienen de que el Estado haya gastado en exceso los años pasados, porque, en realidad, ha presentado superávit y la deuda se fue reduciendo hasta alcanzar sólo un 35% del PIB, la más reducida de todo el área. Los problemas derivan de una política monetaria igual para todos, pero que incluye a países con niveles de productividad muy diferentes.

Menos compasivo, The Economist critica al Gobierno por no reformar el mercado de trabajo en aras de mantener la paz social. El FMI, por boca de su director de Investigación, apunta a la reducción de salarios reales en los próximos años como forma de recuperar competitividad, como el propio Krugman defendió en una charla en Sevilla hace unos meses.

El Financial Times, que hasta hace sólo unos meses hablaba de España como un caso extraordinario de éxito, critica con acero la postergación de decisiones "hasta mañana" y arroja una gran dosis de escepticismo sobre el plan de austeridad presentado en Bruselas porque, afirma, la mitad del mismo tendrá que ser ejecutado por las extremadamente independientes CCAA.

Para colmo, Nouriel Roubini -respetado por haber predicado en el desierto previendo la actual crisis- primero en Davos y esta semana en el Financial Times, ha advertido que la amenaza real para el euro es España, por su tamaño y la envergadura de sus problemas. España tiene, afirma, un enorme problema oculto en sus bancos y cajas de ahorro, que van a tener que ser afrontados con dinero público.

Compartimos algunas de las críticas señaladas; creemos injustas otras -porque son compartidas por todos los países-, pero lo que queremos subrayar ahora es la absoluta falta de defensa de nuestro país en los principales foros internacionales. No he visto ningún artículo escrito -por ministros, empresarios o profesores universitarios- en defensa de algunos grandes logros alcanzados en los últimos 20 años que permitiese abonar la esperanza en ningún medio internacional. En la importante cita de Davos, aparte de Zapatero y Salgado, obligados por la presidencia rotativa de la UE, la ausencia de españoles sigue siendo clamorosa. Supongo que el hecho de que muy poca gente hable inglés en nuestro país -esto sigue clamando al cielo en el siglo XXI- frena a casi todos a asistir a ese tipo de reuniones o a escribir en medios extranjeros. Practicar lobby internacional -con conocimiento e inteligencia- es imprescindible para proyectar positivamente la imagen de un país. También escribir en los medios internacionales. Esto también forma parte del cambio de modelo.

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