Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Falta un Pavone que haga goles

Por no tener el necesario ariete, el Betis de Víctor, aun siendo mejor que el de Tapia, se descuelga poco a poco

EFECTIVAMENTE, el Betis de Víctor juega mejor que el de Tapia, que nunca logró saberse a qué jugaba, pero el Betis de Víctor se encuentra más alejado del objetivo que el del taciturno entrenador cordobés. Y esto que podría interpretarse como un fallo del aragonés no parece que sea tal, pues las cosas están discurriendo según se temía el propio Víctor ya aquel domingo en que se disponía a comprometerse nuevamente con el Betis... y con Lopera. Desde la distancia, sin haberse embutido aún en el chándal verde, ya veía Víctor cuál era la carencia principal del estúpidamente autotitulado Real Madrid de la Segunda División.

Viendo que lo de Pavone parece ya causa perdida, cualquiera, incluso los no iniciados, se daba cuenta de que el equipo estaba necesitado de un poste alto, de un pívot que rebotease en la bombilla para propiciar segunda jugada y, por supuesto, para que algo de lo producido acabase en gol. Víctor dio nombres y el encargado de cerrar las operaciones, ese hombre orquesta para todo que hace y deshace en el pobre Betis, dijo que sí con la boca pequeña para dedicarse a su juego favorito. El juego favorito de Lopera en tiempo de fichajes es el de marear la perdiz para intentar sobre la campana fichar lo que ya no quiere nadie, ni siquiera el propio pretendido.

Está claro que el Betis de Víctor hace lo que no hacía el de Tapia. Este Betis combina y, lo mejor de todo, se muestra más eficiente en defensa, pero se aleja del objetivo por falta de gol, por no contar arriba con ese matador que dé la estocada precisa en el momento oportuno. Y que nadie diga que Víctor no lo pidió, pues dentro de la docilidad que el maño muestra de puertas hacia fuera, me consta que ha insistido ante el plenipotenciario mandamás con tanta vehemencia como falta de correspondencia. Nada será más caro para el Betis que no volver a Primera, pero es que cada día que pasa estoy más convencido de que la errática situación no puede ser involuntaria.

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