La ciudad y los días

carlos / colón

Familia roja y blanca

DECÍAN ayer los compañeros de la sección de Deportes, a los que saludo con cariño y envidia -porque es fama en las redacciones que los periodistas dedicados al deporte son de lo mejorcito de la profesión: aman apasionadamente aquello sobre lo que escriben sin afectación ni pedantería-, que Sevilla, a través de su extraordinario embajador rojiblanco, ha estado en los titulares de periódicos alemanes, franceses, británicos, portugueses, italianos… Dicen también que esta copa le ha hecho el cuarto socio, tras Inter, Juventus y Liverpool, del selecto club de los equipos que tienen tres copas de la UEFA en sus vitrinas… Y que, junto al Real Madrid, es el único que ha ganado la copa dos veces seguidas.

Y esto, miren por dónde, ha hecho felices a muchos miles de personas. A los 10.000 que fueron a Turín pagándoselo de su bolsillo, en muchos casos con sacrificios. A los miles que los vieron en las peñas (un saludo a los amigos de las más que cincuentenarias peñas sevillistas Al Relente, herederos legítimos de los oyentes de Juan Tribuna, y Macarena, amadrinada que fue por Juana Reina, y a los de la joven Eindhoven -la de las suculentas ensaladillas heredadas del Periqui- en la que tan buenos amigos de terciopelo y merino o de ruán tengo), en la Cartuja, en los bares, en sus casas o rechinando los dientes en Estocolmo. Entre esos miles, hizo felices a mis hijos Carlos y Fernando, primera generación futbolera de mi familia que por chochera nos ha hecho palanganas a sus padres. Y lo que hace felices a miles de personas, y entre ellas a mis hijos, me hace también feliz a mí.

Lo que me llama la atención es que a algunos les haga tan infelices que tantos sean felices sin hacer daño a nadie. Sempiternas críticas al fútbol volcadas por quienes carecen de empatía para con las inofensivas grandes alegrías colectivas y están anclados en lo del pan y circo, ignorando que la vociferante y feliz multitud que el miércoles sufrió con el partido, gozó con la victoria y ayer abarrotaba las calles abarca todas las clases sociales, todo el catálogo profesional y todas las sensibilidades ideológicas. Algún atractivo muy poderoso debe tener lo que une a quienes tantas cosas diferencian y hasta, fuera de la hermandad futbolera, hasta enfrentan. Cante El Arrebato el mejor himno jamás compuesto para un equipo, ondeen bufandas y banderas, y destelle siquiera un momento esa cosa tan hermosa llamada felicidad.

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