Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Federico Sánchez

JORGE Semprún, muerto esta semana, fue un intelectual antifascista con variopintos antepasados conservadores y republicanos. Novelista, guionista de cine, ministro de Felipe González. Militante comunista en su juventud, estuvo preso dos años en el campo de concentración alemán de Buchenwald durante la Segunda Guerra Mundial. Llegó a ser durante un tiempo el único miembro del Comité Ejecutivo del Partido operativo en el Madrid de la Dictadura. Fue expulsado del PCE en 1964 en compañía de Fernando Claudín, en una reunión del Comité Central en un antiguo castillo de los reyes de Bohemia en las cercanías de Praga, por propugnar lo que una década después sería la línea política de los comunistas españoles, tras renunciar a la dictadura del proletariado y asumir las libertades.

En La autobiografía de Federico Sánchez, Premio Planeta de 1977, contó su estancia en el Partido. Es un relato novelado de su entusiasmo comunista y posterior decepción. Sorprende el culto a la personalidad, religioso, en el entorno de la nomenclatura estalinista. Un culto del que no se sustraía el propio Semprún, cuyo alias en el PCE era Federico Sánchez. Los poemas que le escribió a Pasionaria, tras conocerla en 1947, provocan sonrojo: "Se abrió la puerta. Entraste, nos alzamos de nuestras sillas. Fuiste estrechando manos, sonreías. Y entonces estalló la primavera".

Una de las historias que contiene, relata su intervención ante el Comité Central en aquella reunión del 64. Explicó que el comunista checo Josef Frank coincidió con él en el campo de concentración de Buchenwald, y después de la guerra llegó a ser secretario general adjunto del Partido Comunista de Checoslovaquia. En 1952 fue juzgado, condenado y ahorcado por los suyos en el proceso Slansky, la última gran purga estalinista, narrada magistralmente por Costa-Gavras en La Confesión. (Con guión suyo, por cierto). Contó Semprún que en 1952 leyó el acta de acusación contra Frank, en la que se decía que había estado al servicio de los nazis en Buchenwald. "Me entró un sudor frío, Frank no había estado al servicio de la Gestapo y yo lo sabía muy bien". Explicó por qué con ejemplos y añadió que sabía que era inocente en 1952 y se calló.

Cuando terminó de evocar la memoria de su camarada y salió de la reunión, en la sala contigua, Irene Falcón, la secretaria de Pasionaria, estaba inmóvil con los ojos arrasados por las lágrimas. Claudín le aclaró que había sido la compañera de Geminder, uno de los dirigentes del PC checo, asesinado junto a Frank. Algo que le costó a Falcón años de ostracismo. Pero que no le impidió volver a integrarse en la ortodoxia, y actuar en Praga contra lo que Ibarruri calificó como "intelectuales cabeza de chorlito". Ha muerto un hombre a quien debemos unas páginas muy clarificadoras sobre la condición humana.

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