La ciudad y los días

Carlos Colón

Felicidades, Ochoa

COMPRAR las entradas para el Miserere en la caja que estaba junto a la puerta de Sierpes; lavarse las manos después de comerse un dulce en el lavabo de loza que estaba en la pastelería; tomarse un emparedado y un batido en los salones, tan años 50, del primer piso; abastecerse de dulces antes de comprar en La Teatral las entradas numeradas de la sesión vermouth del Pathé o el Lloréns; mojar un largo Savoy en un vaso alto de leche fría; los recipientes de cerámica blanca con letras azules de los pioneros yogurt que envidiaría la madre búlgara, turca o griega que los parió; "Se recuerda a los señores clientes que es viernes de Cuaresma"; la almendra de las tortas de aceite, celosamente preservada hasta el último bocado; las pechugas Villeroy cuya receta trajeron de París: Ochoa.

Joaquín Turina no consentía comer en Navidad otros dulces que los que le llegaban a Madrid a través de los Envíos de Sevilla que inventó Ochoa en los años 20: por 25, 50 ó 100 pesetas enviaban a cualquier lugar de España "un elegante cesto" que contenía -cojamos la de veinte duros- cuatro docenas de polvorones Ochoa, una docena de tortas sevillanas de aceite y otra de tortas de manteca, una tortera rellena, medio kilo de mantecados selectos y mantecados ideal, un kilo de turrón de Jijona extra y otro de Alicante, un kilo de mazapán de la Casa, un tarro con 18 pestiños andaluces, medio kilo de piñonate de la sierra, medio kilo de turrón de crema, medio kilo de yemas de San Leandro, dos kilos de pastas de té, una bombonera de 200 gramos surtida, una participación de lotería de cinco pesetas y un cuadro cromo color Recuerdo de Sevilla. Así le salieron como le salieron a don Joaquín la Sinfonía Sevillana, Las calles de Sevilla, el Canto a Sevilla, la Saeta en forma de salve a la Esperanza Macarena y lo que se terciara; que si una magdalena inspiró a Proust los siete tomos de En busca del tiempo perdido imagínense lo que no inspiraría uno de estos "elegantes cestos" de Ochoa.

Yo también he recibido lejos de Sevilla cajas de Ochoa. Y como era un niño, se me saltaban las lágrimas viendo las catedrales azules que me recordaban la ciudad de la que siempre me iba llorando. Como La Campana, Papelería Ferrer, Maquedano, Casal o El Cronómetro, Ochoa es historia de Sevilla y memoria sentimental de los sevillanos. Este año cumple un siglo. Me felicito por ello. Felicito a Sevilla. Y felicito a Macarena Giménez, viuda de Rafael Ochoa, y a sus hijos Rafael, Alejandra y Esperanza (anda que también son tontos poniendo nombres) por su fidelidad a la aristocracia comercial sevillana.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios