la ciudad y los días

Carlos Colón

Felicitación dickensiana

PORQUE sé de quienes vivirán por primera vez esta noche sin un marido y sin un padre, o sin un hermano y una madre, y de unos niños que la padecerán sin su madre; porque sé que la felicidad de esta noche ahonda la tristeza de los tristes, la soledad de los solitarios y el duelo de quienes lloran una pérdida; porque sé que esta noche -como Montesinos decía de la Madrugada- los recuerdos toman el camino más corto para herirnos, y los espíritus de las Navidades pasadas se complacen en jugar con nuestras emociones, permítanme que les ofrezca estas palabras de La Navidad a medida que avanzamos en años, el anual cuento de Navidad que Carlos Dickens escribió para la de 1851.

"Hubo un tiempo en que no echábamos nada de menos en la Navidad, porque ésta encerraba, como en un círculo mágico, todo nuestro mundo; porque ella reunía dentro de sí todos nuestros gozos hogareños, afectos y esperanzas; porque agrupaba a todos y a todo en torno del fuego, sin dejar nada fuera del pequeño cuadro luminoso que brillaba ante nuestros ojos juvenilesý Pasados los años parece como si las cosas que fueron nunca hubieran existido, y la vida fuera poco más que un sueño indigno de los amores y anhelos con que la llenamos. ¡Pero no! Lejos de nosotros, en un día de Navidad, esa mal llamada filosofíaý Aumente, a medida que envejecemos, nuestra gratitud hacia nuestros recuerdos navideños, y hacia las lecciones que nos dan. Bien venidos sean todos los recuerdos; llamémoslos para que ocupen sus lugares junto al hogarý ¡En un día como éste no cerramos las puertas a nada!

-Esperad, dice una voz por lo bajo. -¿A nada? ¡Pensadlo!

-En el día de la Navidad no cerramos nuestro hogar a nada.

-¿Ni a la sombra de esa inmensa ciudad cuyo suelo está cubierto de hojas muertas? ¿Ni a la sombra que entenebrece toda la Tierra? ¿Ni a la sombra de la Ciudad de los Muertos?

-Ni siquiera a ésa. Hoy precisamente, en el día de la Navidad, volveremos nuestros rostros hacia esa ciudad, y sacaremos de entre sus huestes silenciosas a las personas que amamos, para que vengan entre nosotros. ¡Ciudad de los muertos, por el bendito nombre que hoy nos tiene aquí reunidos acogeremos, sin rechazar a nadie, a todos los que nos son queridos!... ¡Amigos que perdimos, hijos, padres, madres, hermanas, hermanos, maridos, esposas, no os apartaremos! En nuestros corazones volveréis a ocupar vuestros lugares queridos junto al hogar navideño. En la hora de la esperanza inmarchitable, en el día del cumpleaños de la misericordia inmortal, no os apartaremos de nosotros".

En el nombre de Aquel ante quien todos viven, Feliz Navidad.

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