Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Fetichistas

EL Ministerio de Sanidad, a través del Instituto Nacional de Consumo envió el martes a los Gobiernos autónomos una circular advirtiendo que las pulseras con hologramas que han tenido un éxito comercial tan extraordinario incurren en publicidad engañosa. Consumo recuerda que está prohibida la promoción de productos con pretendidos fines sanitarios. Y estas pulseritas de silicona o neopreno, prometen equilibrio, flexibilidad y fuerza, con un coste inferior a un euro y un precio de venta de 15, 30, 45 o 60 veces su valor. Ahí queda eso. Lo demás lo ponemos nosotros. Somos fetichistas, nos encantan los amuletos de toda la vida de dios. Y en esto no somos distintos en los países desarrollados de la vieja Europa respecto a los del Nuevo Mundo.

Un amigo mío cuenta la historia de su tío, natural de Figiliana (Málaga), que después de estudiar Filosofía y Letras se marchó a Colombia, en donde fue director de periódico y hoy vive en Estados Unidos. El buen hombre venía a Sevilla de vacaciones y cansaba a todos sus sobrinos con su frenética actividad. Un día vio que una niña llevaba un collarito con un chupete y se interesó por el significado. Le explicaron que era una tontería que se había puesto de moda, porque se atribuía a cada color una virtud: que daba suerte, o salud, o amor. El tío de mi amigo quiso comprar uno de cada, ante la perplejidad de su familiar, a quien mostró el arsenal que llevaba encima: una chapa contra el reuma, otra pieza para el corazón... Y una piedra de cuarzo: "tú no sabes la energía que me da a mí esto", sostenía el tío, descubriendo a su sobrino secretos propios de Indiana Jones. Otro conocido mío lleva colgado al cuello un Indalo que le regaló una novia hace 30 años y no se lo quita porque dice que le trae suerte.

La historia de la pulsera del holograma es distinta: se supone que el producto lleva incorporada una frecuencia que le da armonía y equilibrio al cuerpo de su portador. Antes de la circular de Consumo ya ha habido gobiernos regionales que le han metido mano a alguno de estos fabricantes. En Baleares han abierto expediente contra un fabricante que prometía directamente reducir el dolor y ayudar a curar lesiones. En Madrid investigan a otra marca.

Pero a quien hay que analizar es a los consumidores. En la página web del defensor del ciudadano de Málaga, Francisco Gutiérrez colgó una nota de la OCU advirtiendo contra las pulseras-milagro y que el holograma no puede almacenar frecuencias. Pero un lector ha mandado un mensaje de protesta, bien duro: "Ustedes, como la SGAE si no les abonan los canones establecidos, utilizan los soportes de comunicacion de los que disponen para destruir cualquier iniciativa que, al menos como en este caso, nos hace más llevadero el día a día de nuestras vidas". Fetichistas. Eso es lo que somos.

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