La tribuna

Manuel Machuca

Y en esto se fue Fidel...

LA renuncia de Fidel Castro a seguir liderando los destinos de Cuba ha cogido por sorpresa a todos, no en vano se había presentado como candidato en las últimas pseudo elecciones habidas en Cuba recientemente, en las que, como no podía ser menos, salió victorioso.

"El día que yo me muera, nadie lo va a creer", comentaba Fidel Castro al periodista Ignacio Ramonet, y hoy lo que tenemos que creer, o hay motivos para creer que diría ZP, es su renuncia a continuar liderando el destino de los cubanos.

Lo ha anunciado en la edición electrónica de Granma, el órgano oficial del comité central del Partido Comunista Cubano, obviamente primer periódico del país, aduciendo su precario estado de salud como motivo para "no aceptar, ni aspirar, al cargo de presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe".

La noticia ha sido disfrazada de serenidad en el exilio cubano de Miami, porque su larga enfermedad había hecho renunciar a nuevos intentos de desestabilización del régimen cubano, en espera de un nuevo episodio de muerte plácida de un dictador en la cama.

Sin embargo, la retirada de Fidel, aunque quizás no acelere el inicio de un periodo de transición que ya se palpa, introduce una serie de elementos originales nada desdeñables.

En primer lugar, puede guardar similitudes con el proceso chileno, en cuanto a que el dictador que sale del poder sigue vivo, si bien las diferencias son grandes, puesto que Pinochet, del que ya nadie habla ni se le recuerda un año después de su fallecimiento, fue derrocado en unas elecciones que nunca pensó perder, y Castro todavía puede liderar el régimen desde su habitación.

No obstante, Pinochet vivió muchos años después de su salida del gobierno, y no es probable que Castro vaya a aguantar tanto tiempo. Y si no dura tanto, entonces la transición podría parecerse más a la española, ya que pocos apostarán por su hermano Raúl, que más bien parece un Carlos Arias Navarro en versión caribeña.

Por tanto, los tiempos que se van a marcar a partir de ahora son muy importantes, y de la paciencia de unos y la sensatez de otros dependerá que el cambio que se avecina sea más o menos dramático.

Habrá que estar atentos al siempre impaciente Hugo Chávez, que puede encontrarse ante una difícil tesitura, ya que, caso de querer apuntalar el régimen cubano, es poco probable que tuviera éxito, y sí que va a verse perjudicado, al carecer de referencia exterior en su modo de hacer política. Y si se tiene en cuenta su fuerte oposición interna, más le valdría hacerle caso al Rey y callarse, porque puede ser el siguiente en caer.

El probable inicio de un proceso de transición democrática podría encontrar un marco favorable en el panorama político internacional, porque coincide con la finalización del mandato en Estados Unidos de George Bush y de sus políticas ultraconservadoras. Es de prever que un ascenso a la presidencia norteamericana de Barak Obama, Hillary Clinton, o incluso de un moderado John McCain, traigan serenidad al proceso, después de unos años de cruel bloqueo económico a la isla, que ha sido y es extremadamente duro para la población, y que ha servido justo para lo contrario, como coartada lastimera para los que mandaban y sufrimiento en los de siempre, los más humildes.

Otros aspectos positivos se pueden encontrar en las posturas de los opositores cubanos a Castro, tanto en el interior como en Miami. Éstas se han suavizado, y hacen pensar que un cambio tranquilo es posible.

Pero, más allá de todo esto, está la posibilidad de que grandes profesionales cubanos quieran volver a su país y colaborar en su recuperación. A pesar de que todo régimen totalitario es detestable y genera exclusión, a Castro hay que reconocerle, sin que haya que poner esto en ninguna balanza demagógica, que Cuba es una fuente generadora de grandes profesionales, que han hecho que sus indicadores de salud y educación estén muy por encima de cualquier país de su entorno, y de los de muchos otros tenidos por más desarrollados.

España puede desempeñar, gracias a sus vínculos históricos, un papel moderador en el proceso que le dé la necesaria templanza. Cuba es una referencia emocional para España, y hasta en los peores momentos las tensiones políticas entre los dos países han tenido más de discusión familiar que de otra cosa. Ojalá que, por sentir el nuevo escenario tan próximo, no sea un argumento más de confrontación en la campaña electoral.

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