Crónica personal

Pilar Cernuda

Fuego amigo

NO se besaron, a pesar de que lo pedían los fotógrafos y a pesar de que el no-beso se convertía en un nuevo rejón para la campaña electoral de Rajoy. Se estrecharon la mano, como hacen los que acaban de conocerse, y luego procedieron a inaugurar el intercambiador de autobuses cada uno por su lado, sin dirigirse la mirada, sin intercambiar palabra. El hacha de guerra continúa desenterrada, Esperanza Aguirre no olvida que Ruiz Gallardón quiso ser diputado sin contar con ella, presidenta regional del partido, y Gallardón no olvida que Esperanza Aguirre hizo cuanto estaba en su mano para que él no figurara en la lista madrileña al Congreso de los Diputados.

No se besaron porque de momento ni olvidan ni perdonan. Y les puede más hacer patente su animadversión que el daño a su partido. Uno de los estrategas de la campaña de Rajoy comentaba hace un par de días que los dos asuntos que más les ha perjudicado han sido la crisis madrileña y el comunicado de la conferencia episcopal. Los obispos, después de dar argumentos a José Blanco para arremeter contra el PP, aparentemente han dado marcha atrás y no van a continuar metiendo baza en la campaña, Blázquez ha pedido cámaras para lanzar un mensaje de sosiego y todo indica que la conferencia episcopal no va a hacer ningún comunicado más en las próximas semanas, que era lo que temía el PP. Sin embargo Aguirre y Gallardón continúan escenificando su divorcio al estilo de los Rose, divorcio en el que por destrozar al contrario se destrozan también a sí mismos. Los dos aspiran a suceder a Rajoy el día que Rajoy tenga que ser sucedido, pero los dos se han dejado tantas plumas en esta contienda que sería difícil ahora mismo que pudieran conseguir el respaldo necesario para hacerse con la presidencia del partido. Lo tenían, probablemente más Aguirre que Gallardón, pero hoy por hoy es difícil pensar que uno de ellos pudiera hacerse con el poder.

En política una frase inoportuna, un mal gesto o un favor a quien no lo merecía puede cambiar las tornas, puede suponer un giro de ciento ochenta grados en una trayectoria brillante. Aguirre y Gallardón son dos de los capitales más sólidos del PP, y sin embargo afrontan con escasa visión de la jugada unas elecciones que son clave para su futuro y para el futuro del PP. Ni Rajoy ni quienes forman parte del equipo de Rajoy les van a perdonar fácilmente que estén dando munición a José Blanco para poner al PP de vuelta y media presentándolo como un partido de rencillas personales ante las que Rajoy tira por la calle de enmedio para no verse obligado a inclinarse en favor de uno o de otro. Munición además para volver a la estrategia del 14-M: movilizar a los que se abstienen tradicionalmente, para impedir con su voto que gobierne un partido que no da la talla.

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