Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Ganar jugando bonito es más bonito

PARECE que la llegada de Jorge Sampaoli al Sevilla tiene carácter de catarsis para un cambio de estilo y de dirección de ciento ochenta grados. Del metodismo táctico y el aprovechamiento que Unai hacía de los centímetros en cancha a la hora de la estrategia a balón parado da la impresión que pasaremos a un juego de elaboración que, según Monchi, va a alegrar al sevillismo. Habrá querido decir aumentar la alegría del último trienio.

Tres Ligas Europa por un lado y una Copa América por otro son dos bagajes ciertamente importantes. Del Sevilla nunca se rinde hasta el punto de haberles sacado una rentabilidad formidable a los alargues, nos llega Sampaoli sentenciando que se irá a un fútbol de elaboración y de continua carta de amor a la clientela. Para ello, y con Banega fuera de cobertura, se va de Krychowiak a un gran número de jugones que tendrán que jugarse la titularidad a machetazo limpio.

Desde el cambio que supuso ir de Merkel a Georgiadis no recuerdo un giro de filosofía futbolística tan acentuado. Ojalá no sean unas segundas partes como aquella. Sólo hay que recordar que aquel pintoresco Don Dan duró en el banquillo del Sevilla lo que tardó en consumirse el combustible que atiborró el depósito cuando el austriaco. Todo cambió tanto que el Sevilla cosechó un fracaso que iba a llevarse por delante hasta al mismísimo José Ramón Cisneros.

No tiene por qué repetirse aquella mala faena, claro que no. Es más, el parecido del argentino con aquel printoresco griego es como el de un huevo a una castaña. Pero sí llama la atención ese cambio tan radical en la formación de la plantilla, con tanto exquisito para la zona de proyectos. Ahora bien, si el diseño sale a gusto del sevillismo, miel sobre hojuelas. Y volvemos a lo del otro día sobre esa discusión de qué es jugar bien. Sin duda, ganar jugando bonito es más bonito.

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