DE POCO UN TODO

Enrique / García-Máiquez

Gastar lo que se tiene

RAJOY se enroca en el gran principio de su concepción del Estado: "No se puede gastar lo que no se tiene"; y uno, lógicamente, está de acuerdo. Es tan razonable como el Nemo dat quod non habet, viejo principio jurídico del que nuestro presidente, aplicado opositor en su juventud, extrae su pensamiento. Aunque no del todo, porque a Mas y a los demás sí les da lo que no tenemos ni merecen.

Mas quitando lo que los políticos se conceden entre sí según el antiquísimo principio de "Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como", esto lo tiene claro nuestro presidente: "No se puede gastar -repite- lo que no se tiene". Lo-que-no-se-tiene se ha convertido en el eje de su política, incluso de la penitenciaria, cuya medida son los kilos que no tiene el terrorista Bolinaga.

Hablar de lo que no se tiene resulta, sin embargo, triste. Un presidente con dotes de liderazgo y capacidad de motivar debería hablar más de lo que sí se tiene, de lo que, por tanto, se puede gastar y de cómo hacerlo. No vaya a ser que, mientras nos quejamos, se nos esté yendo lo que nos queda en chocolates para los loros, como dicen ellos que son los recortes políticos que se proponen. Y lo serán, pero aquí hay una plaga de loros, que, además de repetir siempre los mismos eslóganes, se ponen ciegos de chocolate.

Nabokov sentenció: "En realidad era un pesimista y, como todos los pesimistas, un hombre poco o nada observador". Tendríamos que observar mucho más y mejor lo que sí tenemos. Hasta en lo económico aún es importante. Una experiencia común (y cada vez más) es hasta qué extremos milagrosos se puede estirar con racionalidad un sueldo, una pensión o una paga, así que no digamos nada de unos presupuestos generales. Y otra: la de fondos que tiene una despensa, que uno empieza a alargar la mano y, sobre todo, la imaginación, y van salvándose los días y va posponiéndose la temible compra. Y otra más: en vez de comprar libros nuevos, repasa uno su biblioteca y cuántos esperaban allí una lectura sorprendente, o una relectura, que es aún mejor.

Un buen líder tendría que hacer como ese administrador perspicaz y optimista, y tirar de lo mucho que ya tenemos, yendo, sobre todo, más allá de lo estrictamente contable. Hay talento, inventiva, ganas de trabajar, infraestructuras y recursos materiales no plenamente aprovechados, patrimonio cultural, lazos históricos, recursos naturales, una lengua que es un tesoro… No podemos gastar lo que no tenemos, vale; pero de la crisis saldremos cuando nos pongamos a tirar de lo que tenemos. Claro que para eso hay que tener lo que sí hay que tener: coraje y decisión política.

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