Visto y oído

Francisco / Andrés Gallardo

'Genteces'

HACE unos días despedían de su puesto en TVE a una de las directoras que llevaba más tiempo al frente de su programa (todo un alarde de supervivencia política), la del vespertino Gente, mitad crónica negra, mitad crónica rosa. Ya saben, servicio público sensacional. Sensacionalista.

A España Directo le sobran unas cuantas recetas de rape y medallones de solomillo. Debería quedarse con los reportajes más sinceros de Gente y eliminar la revista vespertina ya que la mayoría de sus contenidos no está a la altura para una cadena pública. Pero, vamos, tal vez es mucho pedir.

Gente es capaz de hacerse eco de una anciana en coma en un hospital y cuyos vecinos están sufragando una cuestación para pagarle una persona que le asista las 24 horas, dándole un bofetón a la burocracia de la ley de Dependencia. Pero también se puede embarcar durante varios minutos en relatar con moviola morbosa sucesos acaecidos hace unos años y en víspera de juicio. Si uno se hace adicto a Gente llega a la conclusión de que es mejor no salir a la calle por el torrente de robos y muertes que desembalsan a diario.

Husmear en la sangre estampada trae estiramientos y prospecciones inadecuadas en los lugares de las desgracias. Este miércoles mismo se hacían eco de un presunto pederasta en un pueblo valenciano, que regentaba un quiosco en las proximidades de un colegio. Y por allí aparecía un ciudadano sorprendido porque nunca tuvo queja alguna del quiosquero, siempre afable en busca de ese regalo atrasado del periódico. ¿Para qué incluir un testimonio tan prescindible? Los pederastas suelen ser de modos exquisitos, porque no van pregonando su repulsiva inclinación. A las tardes de la tele, tan cenagosas (y lo que nos va a caer a la vuelta de la esquina), les hace falta más pulcritud.

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