Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Gibraltar en la picota

EL naufragio del barco New Flame pone otra vez en la picota a Gibraltar y en evidencia a los gobernantes andaluces y españoles. Gibraltar no puede ser un basurero, ni un puerto corsario abierto a los petroleros menos seguros del planeta, ni un centro mundial de blanqueo de dinero, ni un nido de contrabandistas. La ciudad andaluza con más abogados por metro cuadrado tiene que encontrar un papel positivo que jugar en el desarrollo de su entorno. Cada uno con su bandera. Las enormes inversiones de capital británico y otras procedencias que se invierten en la costa gaditana y malagueña, gestionadas por los bufetes gibraltareños, no han hecho más que aumentar en los últimos años. De hecho, algunos de estos despachos han abierto oficinas en territorio español, con gran éxito. Ese es el camino. Con transparencia y garantías.

Pero el sistema fiduciario británico es una pantalla detrás de la que se refugian individuos de toda laya. En un caso que seguí en la Audiencia Nacional, contra el lugarteniente de uno de los principales narcotraficantes turcos de la heroína, se puso de manifiesto que las cuentas bancarias a nombre de una sociedad gibraltareña las manejaba verbalmente el capo mafioso en la Costa del Sol y los papeles con las órdenes las firmaba un fiduciario de la Roca posteriormente. La opacidad de este sistema no puede ser amparada desde ninguna institución. Y, desde luego, no puede ser aceptada por el Gobierno español.

Gibraltar es territorio de la Unión Europea, salvo para la Política Agraria Común y la Unión Aduanera. Por tanto, debe de cumplir con todas las obligaciones de seguridad ambiental que tiene establecidas la UE. No se entiende cómo se le permite a este enclave británico tener un menor cumplimiento de las normas comunitarias. El espectáculo del New Flame, encallado junto a Gibraltar el 12 de agosto, es un paradigma de la singularidad gibraltareña. Seis meses ha estado este barco al pairo. El Gobierno español ha aplicado al caso su mejor filosofía buenista. Tampoco se ha oído protesta mayor de la Junta, que montó un escándalo en 2000 cuando el submarino nuclear británico Tireless estuvo un año reparándose en la Roca. Entonces, el Gobierno era del PP. Ahora, la denuncia sobre el New Flame ante la UE llega con retraso.

Entretanto, la ministra de Medio Ambiente se refiere a las "aguas territoriales gibraltareñas", cuando España cedió al Reino Unido en 1713 la ciudad, el castillo, el puerto y sus defensas, pero ni el istmo, ni el espacio aéreo, ni aguas territoriales. En la Roca se comportan como niños consentidos, a los que nadie se atreve a meter en cintura. Algún día se darán cuenta que, bajo la bandera que sea, tienen un liderazgo que jugar en el desarrollo del sur de la península. En el asesoramiento financiero internacional, sin basura, ni contrabando, ni blanqueo.

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