PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

El Giocondo de Sevilla

QUIERO llevarles adonde no han estado. Dos noches de Teatro Central a rebosar son sólo 900 personas por mucho ruido que hagan al aplaudir y aclamar una experiencia maravillosa. Son el 0,00005% de la población de Sevilla y su área metropolitana. Y ustedes se merecen compartir el prodigio. Israel Galván en escena durante 75 minutos. El verdadero icono de la Sevilla contemporánea mide 170 gigantescos centímetros de plenitud creadora, en un estado de gracia sin límites de altura. La Unesco no pondrá pegas a su espectáculo La curva. Quintaesencia del título que concedió a Sevilla como Ciudad de la Música. Es silencio de Cartuja, jondura de Lebrija (y de Inés Bacán) y vértigo de Nueva York. La Torre Pelli no vale como símbolo, es copia de otros rascacielos del mismo arquitecto. Pero Israel Galván sí lo es, pionero, único, inusitado, asombroso. Y vale su peso en oro de galeones, aquilatado ya como figura mundial de la danza, reclamado por los festivales más exigentes, ávidos de la pasión de lo nunca visto. El mejor artista que ha parido Sevilla desde que nació en 1973.

Madrid enseña su Gioconda para que las colas del Prado lleguen hasta Vallecas, y en Sevilla sólo está a la vista dos noches su Giocondo. Cómo esconder algo tan memorable. Si se llamara Gene Kelly... Un Galván que galvaniza con autenticidad e intensidad el duende, el pellizco, la performance, la broma, el delirio, la genialidad. Ha inventado un lenguaje coreográfico en el que desde la libertad más desprejuiciada encuentran con toda naturalidad la concordancia los nudillos de Bobote y el piano atonal de Sylvie Courvoisier.

No lo duden en el Ayuntamiento. La conmemoración cultural de la Expo 92 es Israel Galván. La Era de los Descubrimientos sobre un escenario. Hace veinte años, Sevilla construía teatros porque anhelaba recibir y ver lo mejor del mundo. Ahora es madre y vecina de un portentoso bailaor-bailarín que nos lleva a la cima del mundo en una aventura más allá del tiempo y del espacio. Y qué sangrante paradoja. En los terrenos de aquella Muestra Universal, la SGAE ha construido para nada un enorme teatro que se quiere quitar de encima sin inaugurarlo siquiera. Y Sevilla tiene un portento enorme llamado Israel Galván que merece un teatro a sus pies como los tiene el Circo del Sol en Las Vegas.

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