LAS revelaciones aportadas ayer por este periódico sobre la desaparición y crimen de la joven Marta del Castillo exigen prudencia, pero también abren un hueco de luz en un asunto que, en su faceta más humana, no ha sido resuelto. La Policía del Grupo de Menores ha dado verosimilitud a los nuevos datos aportados por Miguel Carcaño, el asesino de la joven, a pesar de que los implicados dieron hasta seis versiones de lo que ocurrió aquella noche de enero de 2009. Básicamente, este nuevo relato merece ser oído por dos asuntos. Carcaño, que acaba de cumplir 24 años, ya tiene poco que perder; fue condenado por el asesinato de Marta a 21 años y no saldrá de prisión hasta 2030. De otra parte, ha sido arriesgado por su parte por cuanto ha acusado a su hermano, Francisco Javier Delgado, la mayor de las personas del entorno del asesino, aunque el juicio no pudo demostrar nada contra él. Ahora, y tras la acusación de Carcaño, el hermano ha sido imputado por el juzgado de instrucción número 4 de Sevilla. Según esta versión, el cuerpo de Marta estaría enterrado en un lugar impreciso de La Rinconada, y allí ha sido buscado, sin éxito, por la Policía Nacional con la asistencia de Carcaño, que fue excarcelado en dos ocasiones para acompañar a los agentes en la localización del terreno. Hay que mantener, pues, todas las cautelas, pero existen indicios para, al menos, mantener abierta esta línea de investigación que ha dado esperanzas a la familia de Marta, que aún no ha podido pasar por el trance necesario del duelo. Y más allá de estas consideraciones, la nueva línea dice mucho del empeño que la Policía y el juez del número 4 de Sevilla siguen poniendo en este doloroso caso. Para ninguno de los afectados, el caso está cerrado, aunque hubo sentencia y ésta fue ratificada por el Supremo. El Grupo de Menores, injustamente criticado en ocasiones, ha demostrado que mantiene el empeño en cerrar estas incógnitas y ha seguido investigando cualquier indicio, a pesar de la escasa credibilidad de Carcaño. Cualquier riesgo puede ser asumido si en ello existe la mínima opción de encontrar el cuerpo de la joven. Por otra parte, es encomiable la actitud del titular del juzgado, Francisco de Asís Molina, que ha mantenido la búsqueda como una pieza separada. Como entonces, pero ahora mucho más, hay que dejar actuar a la Policía y al juez, que están asumiendo el riesgo de su propia credibilidad por cerrar un caso que no estará del todo completo hasta que, al menos, no se encuentre el cuerpo de Marta del Castillo y su familia pueda descansar en paz, aunque con dolor.

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