La ciudad y los días

Carlos Colón

Godzillas de la revolución industrial

ES posible que usted no pueda leer este artículo porque un piquete, además de informar al quiosquero de sus derechos, le haya coaccionado para que no abra. Vulnerando así su derecho a no secundar la huelga y el de usted a leer este u otro periódico. Como de seguro se vulnerarán hoy los de quienes quieran trabajar y no puedan hacerlo por carecer de medios de transporte o porque un piquete se lo impida. Ya lo ha dicho el sindicalista asturiano inventor de palabras: habrá piquetes informativos y convencitivos. Y lo de convencitivar suena a estacazo.

Nadie discute hoy el derecho a la huelga. Y quien lo haga es un dinosaurio de la revolución industrial que ha reaparecido como un Godzilla empresarial en el siglo XXI. Al igual que quien recurra a la coacción y la violencia es un Godzilla huelguista. Pasaron, al menos en los países desarrollados, los tiempos de La madre de Gorki: "Cada mañana, entre el humo y el olor a aceite del barrio obrero, la sirena de la fábrica mugía y temblaba. Y de las casuchas grises salían apresuradamente, como cucarachas asustadas, gentes hoscas, con el cansancio todavía en los músculos. En el aire frío del amanecer, iban por las callejuelas sin pavimentar hacia la alta jaula de piedra que, serena e indiferente, los esperaba con sus innumerables ojos, cuadrados y viscosos. Se oía el chapoteo de los pasos en el fango".

La desaparición de ese horror se logró al precio de sacrificios, huelgas, hambre y sangre. Nada se regaló. Cada derecho conquistado fue duramente peleado con una clase empresarial y una plutocracia en la mayor parte de los casos brutalmente ávida. Baste este modesto ejemplo sevillano ni tan siquiera referido a modernos industriales, sino a improductivos señores del suelo: en 1900 la insalubridad causada por las pésimas condiciones de vida situó a Sevilla entre las ciudades con mayor mortandad del mundo, sólo superada por Madrás y Bombay; cuando se tomaron las primeras medidas para remediarlo "la Liga de Propietarios de Fincas Urbanas -escribe Juan Luis Carrillo, catedrático del Departamento de Ciencias Socio-Sanitarias de la Hispalense- mostró una feroz oposición al saneamiento".

Pero de eso hace un siglo. Agitar estos fantasmas hoy es una estrategia equivocada o malintencionada. Ni los marcos económicos, laborales, sociales, políticos o legales son los que describió Gorki y estudia el profesor Carrillo, ni tan siquiera empresario, propietario o trabajador significan hoy lo mismo. Por eso no es razonable actuar como si trabajadores privados de derechos se enfrentaran a despóticos patronos pistoleristas.

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