la esquina

José Aguilar

Griñán cruzará el puente

EN lo de Pepa Bueno el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, dio un pasito más en el desvelamiento de sus propósitos y la expresión de sus ambiciones. Sabíamos que estaba decidido a hacer valer su peso como presidente federal del PSOE y socialista con más poder en el proceso de redefinición de un partido en grave crisis. Ahora podemos sospechar, y sospechamos, que no se conforma con la tutela: quiere ser el jefe.

A ver. Interrogado por Bueno sobre el rumor de que vaya a sustituir a Rubalcaba como secretario general socialista, Griñán no lo descartó. "Nunca sé lo que voy a hacer hasta que llegue el momento", dijo. Griñán en estado puro. Una nueva formulación para una de sus frases favoritas: "Cuando lleguemos al río cruzaremos ese puente". Fíjense que no contestó lo que hubiera contestado un político sin aspiraciones al liderazgo (a saber, que ni lo piensa, que no aceptaría ni muerto, que su hora ya ha pasado, que su vanidad está colmada...). No. Sólo precisó que no es el momento para estos planteamientos. En cuanto a su defensa de la oposición que está haciendo Rubalcaba al Gobierno, forma parte del ritual de la política entre compañeros. Salvo contadas excepciones, todos los dirigentes que votarían contra Rubalcaba en un hipotético comité federal de destitución del secretario general lo respaldarán hasta ese último momento.

Momento que puede llegar perfectamente cuando las elecciones catalanas del 25 de noviembre traigan una nueva derrota del socialismo. Quizás entonces muchos pierdan la paciencia y exijan un congreso extraordinario. Si se ponen a mirar a su alrededor, seguro que caen en la cuenta de que el único líder que no es deudor del zapaterismo, que enlaza sin chirridos al partido tradicional de Felipe y a las nuevas generaciones y que gobierna una comunidad autónoma relevante (Asturias es una anécdota) resulta ser Pepe Griñán. Ya estará el río dispuesto para ser cruzado.

Sinceramente, creo que Griñán lo desea. A pesar de edades y nietos. A pesar de sus aireadas confesiones de que él ya va de retirada (también las hizo, con aparente firmeza, cuando le tocó sustituir a Chaves en la Junta). Lo cual plantea un problema serio al que nadie en el PSOE parece prestarle atención: hay una incompatibilidad material, y yo creo que política también, entre ser secretario general del PSOE y ser presidente de una comunidad autónoma. Incluso de energía y de dedicación. Tendría que irse. Se confirmaría, asimismo, que Andalucía no es tan importante para los que prometen defenderla por encima de todo y al máximo nivel.

¿Este futuro líder del PSOE será también el candidato socialista al Gobierno de la nación? Ay, amigos, aún no se alcanzó ese río.

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