la esquina

José Aguilar

Griñán le da la vuelta a las encuestas

LE faltaba, a Griñán, darle la vuelta a las encuestas para culminar una trayectoria política calcada de la de Manuel Chaves (ministro, presidente de la Junta, secretario general del PSOE andaluz y presidente federal del PSOE). Ayer lo consiguió, para asombro de propios y extraños.

En 1996 Chaves convirtió en fallidos todos los sondeos y obtuvo mayoría en el Parlamento andaluz, aunque tuvo que gobernar en coalición con el Partido Andalucista. Dieciséis años después Griñán ha logrado lo mismo: destrozar la credibilidad de los institutos demoscópicos y asegurarse su continuidad al frente de la Junta si pacta con Izquierda Unida.

La victoria del PP -por vez primera en la historia de la autonomía andaluza- es más bien una derrota. La cuarta que cosecha Javier Arenas tratando de arrebatar el poder autonómico a los socialistas. Su mayoría relativa es relativísima: 50 escaños (muy lejos de los 55 que necesitaba para gobernar, frente a los 47 del PSOE y los 12 de IU) y poco más de un punto porcentual y 44.000 votos de diferencia. Hace menos de un año le sacó siete puntos largos a los socialistas en las elecciones municipales, que aumentaron a nueve en las generales. Lo de ahora es un claro retroceso. De los nueve escaños que pierde el PSOE con respecto a los comicios de 2008 el PP solamente suma tres, yendo los otros seis a la coalición que lidera Diego Valderas, la gran triunfadora de la noche dentro de los límites en los que se mueve.

¿Cómo se explica este resultado que pasó desapercibido a los encuestadores? La decisión de Griñán de agotar la legislatura y convocar las elecciones en solitario, distanciándolas lo más posible de las generales, se ha revelado como su gran acierto. Ha rentabilizado en los hechos lo que anidaba en su intención: la idea de que el Gobierno Rajoy se proponía sacar a España de la crisis a costa de un ajuste de caballo. La idea ha calado porque, en efecto, en apenas tres meses en La Moncloa Rajoy ha subido los impuestos, ha hecho una reforma laboral que abarata y facilita y el despido y rompe el equilibrio en las relaciones empresarios-trabajadores, y se dispone a ejecutar nuevos recortes que cuestionan conquistas sociales que en Andalucía se consideran intocables. Y al fondo de todo está la confirmación de que, desde la transición, Andalucía ha sido ideológicamente de izquierdas. Quienes han querido castigar al PSOE por el paro, la corrupción y el derroche lo han hecho, mayoritariamente, votando a su izquierda y no al centroderecha. Arenas ha perdido, y ha perdido Rajoy, que recibe su primer varapalo apenas llegado al gobierno.

Se abre en Andalucía un escenario insospechado: un Gobierno de socialistas y poscomunistas, único en España, enfrentado abiertamente al Gobierno de la nación. Esto va a dar mucho juego.

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