Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

Guerra en el 6

LAS acusaciones que la juez Mercedes Alaya ha vertido sobre su colega María Núñez Bolaños son similares a las que ella sufrió. El caso de los ERE llegó a los juzgados sevillanos de la mano del ex viceconsejero de Empleo Agustín Barberá, que denunció ante la fiscal jefa el presunto soborno del asunto de Mercasevilla. Juan Ignacio Zoido, entonces aspirante a la Alcaldía de Sevilla y ex juez decano de la ciudad, presentó una denuncia para que el caso dejase de estar en manos de la Fiscalía, a la que se le acusaba de una maliciosa indolencia, y pasase a un juez. Y así fue. Se sorteó, ¿y a quién le tocó? A Mercedes Alaya, conocida de Zoido porque ambos compartieron lugar de trabajo en los edificios judiciales del Prado. Posteriormente, se demostraría que la juez y el juez en excedencia no mantenían los vínculos de productor y actor, aunque a la reboda de Alaya sí asistió uno de sus concejales, Juan Bueno, también presidente provincial del PP de Sevilla, aunque la relación, se cuenta, viene por parte del marido. En definitiva, un culebrón de maledicencias que no llevó a nada y que, en el peor de los casos, encabritó a la juez.

A final, el Supremo le ha dado gran parte de la razón a la juez Alaya o, como uno de los defensores de los ERE ha declarado magistralmente, el Alto Tribunal ha respaldado su relato pero no sus consecuencias jurídicas, al librar a los ex presidentes Chaves y Griñán del delito de malversación. De hecho, ni extiende el fraude a la totalidad de los 850 millones de euros.

Pero Alaya la ha emprendido contra su sucesora en el Juzgado número 6 de Sevilla. Sostiene la juez que María Núñez Bolaños es amiga personal del consejero de Justicia, Emilio de Llera, por vía marital, lo que la inhabilitaría por doble motivo, ya que la denunciante también mantiene que su sustituta no está preparada para llevar macrocausas porque era una simple juez de Familia. Bueno, también es doctora y se hartó de dar palos a los narcos en la comarca de Carmona, pero es cierto: no está preparada para las macrocausas. Pero ni ella ni nadie: el mismo concepto es una aberración tan elefantiásica como ineficiente. Y todo ello lo ha relatado Alaya ante el Consejo General del Poder Judicial para intentar retener los casos de los cursos de formación, según nos ha contado Jorge Muñoz en este periódico.

Nuevo culebrón en el 6, aunque el alegato de la juez Alaya da argumentos a quienes sospechan que, al final, la Justicia depende de las peculiaridades personales y no de un sistema contrastado y de Derecho; en definitiva, que es personalísima.

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