horizontes lejanos

Juan Ojeda

Horizontes lejanos

EN la columna que escribía la semana pasada, confesaba mi curiosidad sobre los pasos a dar, si los daba, Griñán en relación al futuro próximo del PSOE. Y resulta evidente que no soy yo el único curioso, a la vista de las múltiples variopintas, e incluso enfrentadas reacciones públicas -de las privadas ya hablaremos otro día- que se han producido a raíz de las declaraciones del presidente de la Junta, en las que dejaba entrever, aunque muy suavemente que, en un momento dado y si las circunstancias lo exigían, podría tomar la decisión de dar un paso adelante, o hacia arriba, en el escalafón interno de su partido.

Fue suficiente con esta más que velada insinuación de intenciones para que se armase el revuelo, y empezasen a utilizarse argumentos como los de la lealtad interna, el momento inoportuno, la necesidad de unidad y todo eso que, en conjunto, viene a decir que lo mejor es estarse quieto y no crearle más problemas a Rubalcaba. Y hasta el mismo Chaves se ha pronunciado de forma clara en este sentido, exigiendo lealtad hacia el actual secretario general de su partido.

Naturalmente, Griñán se apresuró a decir que lo más importante para él sigue siendo Andalucía y que el cuerpo no le pedía meterse en más historias. O sea, lo normal en estos casos. Así que lo que uno piensa es que se asomó a la ventana, vio que el patio estaba revuelto y la volvió a cerrar. Pero no ha echado la llave porque es de suponer que si el 25-N se produce un descalabro electoral en Cataluña se replantearían muchas cosas dentro de la familia socialista. También hay que tener en cuenta que ese mal resultado afectaría, y mucho, a las todavía latentes aspiraciones de liderazgo de la que fuese rival de Rubalcaba en el congreso federal del partido, Carme Chacón, muy catalana por más señas.

Así que, de momento, aunque las aguas siguen revueltas, han disminuido la intensidad de las olas pero, de aquí a veinte días, se pueden convertir en un tsunami. Cierto es que el PSOE tiene suficiente historia, militantes y solidez como para no entrar en un proceso de desintegración que sería peligroso, no sólo para ellos, sino para la convivencia democrática en España, dado que los equilibrios políticos y las alternancias razonables son factores clave en la consolidación y garantía del sistema.

Dicho esto, también tendría que aceptar el PSOE que, entre otros muchos problemas, padece un evidente déficit de liderazgos alternativos, que tienen que ir acompañados, si quieren recuperarse, de un proyecto mejor definido y capaz de volver a ilusionar a un electorado en el que ha cundido el desencanto. Es una cuestión de ideas y personas.

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