En tránsito

Eduardo Jordá

Humano o inhumano

MI hijo celebra su octavo cumpleaños y ha buscado una foto suya de cuando era bebé. Mientras lo veo mirando su foto y riéndose de su aspecto de recién nacido (gordo y arrugado y con la cara llena de granos), caigo en la cuenta de que esa experiencia, la de verse y reconocerse como uno era de niño, es un hecho muy reciente de la historia de la humanidad. Hasta 1870, más o menos, nadie pudo ver una foto de sí mismo cuando era niño, y ese hecho sólo debió de suceder en casos muy aislados de aristócratas o millonarios. Hasta los comienzos del siglo XX, una gran parte de la población europea no había sido fotografiada nunca, al menos mientras estaba viva, porque las escasas fotos que se hacían sólo se hacían a los muertos. Si uno repasa las fotos de niños del siglo XIX, se sorprende al ver que casi todos están durmiendo con el traje de los domingos. Sólo al cabo de unos minutos descubrimos que todos esos niños vestidos con chaquetillas de terciopelo y trajes de organdí están muertos.

Digo todo esto porque la experiencia humana ha cambiado mucho a lo largo del tiempo, y todos esos cambios han alterado nuestra idea de lo que conocemos como "humano". El hombre que no había salido nunca de su comarca, o el hombre que ni siquiera guardaba un testimonio de cómo era cuando era niño -y lo que es peor, ni siquiera se imaginaba que ese testimonio fuera posible-, no es el mismo que guarda en su página de Facebook miles de imágenes que reconstruyen su vida día a día. Cada nuevo periodo histórico implica un cambio en la definición de lo que es humano y de lo que no lo es. Un esclavo no tenía la categoría de humano para los filósofos griegos que fueron capaces de inventar el concepto de alma. Y nosotros mismos no sabemos qué será considerado humano dentro de 50 años, si es que todavía sigue habiendo vida en la tierra.

Por eso deberíamos tener cuidado con las definiciones. Los nazis negaron la categoría de humanos a los judíos, los calificaron de "untermenschen" (infrahombres) y los enviaron tan tranquilos a las cámaras de gas. Los asesores de Bush consideraron "subhumanos peligrosos" (aunque nunca lo expresaran por escrito) a los talibanes capturados en Afganistán y los encerraron en Guantánamo. Y cuando alguien se propone definir qué es un ser humano, como ha hecho la ministra Aído, uno se pregunta si esa definición es posible. Un gobierno debe legislar, pero debe cuidar mucho los argumentos que usa. Nadie está autorizado a decir que un feto de catorce semanas es humano y uno de doce semanas no lo es, porque nadie está capacitado para saberlo. La ley del aborto es un mero reglamento administrativo. La ministra Aído está capacitada -o eso espero- para hacer reglamentos. La metafísica es mejor que la deje tranquila.

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