desde el fénix

José Ramón Del Río

Implantes

QUIZÁS un caballero a la antigua usanza no detendría su mirada, más que lo imprescindible, en el busto de la señora o señorita con quien conversara. Pero llegaron unos tiempos en los que, de un día para otro, alguna de nuestras conocidas había aumentado de volumen torácico de forma tan evidente que resultaba imposible que no llamara nuestra atención. Por los anuncios en la prensa se conocían los progresos de la industria de la corsetería y, en especial, de los sujetadores, y ahí debía estar la explicación, pero como se había generalizado el uso de los bañadores y, especialmente, los de dos piezas, bautizados como biquinis, (en recuerdo del atolón donde se experimentó la primera bomba atómica), tenía que haber algo más intrínseco para justificar el aumento de volumen. Se conoció, entonces, que había surgido una industria pujante: la de los implantes mamarios, que luego de superar los primitivos rellenos, a base de parafina, marfil, caucho o cartílagos de buey, usaba del relleno salino o con gel de silicona. Este último acabó siendo el más usado y en la vecina Francia un fabricante patentó el implante con poliprolineo, que se comercializó con las siglas PIP (Poly Implant Prothese).

Luego se descubre que ese gel de silicona puede producir cáncer, hasta el extremo que el ministro francés de Sanidad ha recomendado a las 30.000 mujeres que llevan en ese país ese tipo de prótesis (en España, menos de la mitad) que se las retiren, pagando el Estado las intervenciones y la reposición, aunque sólo si los implantes lo fueron por razones médicas y no si se pusieron por estética. La cuestión ha dado lugar a una intervención en el Parlamento Europeo de una diputada escocesa, que pide una regulación y registro de incidencias para los implantes mamarios de silicona. El presidente venezolano Chávez presume de que su compatriota, designada Mis Mundo 2011, no se ha colocado ningún implante, gracias -dice- a que, por ser huérfana de padre y madre, humildes, no sigue las modas impuestas por el capitalismo.

De este riesgo no estamos exentos los varones, porque, además de estos implantes, existe un tratamiento que permite el engrosamiento, alargamiento y potenciación de su masculinidad. De hecho, el fabricante francés del PIP, encausado, también produjo implantes de testículos, pecho y glúteos para hombres. Yo tengo la seguridad que, en España, el Ministerio y las autoridades competentes han extremado el celo en la vigilancia de los sistemas que practican nuestras clínicas, que, salvo algún caso aislado, tienen un ejecutoria impecable en sus actuaciones de cirugía estética, que no es sólo un capricho, sino, en muchos casos, una necesidad.

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