Editorial

Impostura 'okupa'

DURANTE las 37 horas que duró el desalojo de los okupas que desde hacía cinco años mantenían tomados dos inmuebles en la calle Aniceto Sáez, se mantuvo la ficción de que sus vidas corrían peligro por riesgo de derrumbamiento de las paredes del zulo al que se habían encadenado, por falta de oxígeno y por la imposibilidad de comer y beber. Fueron movilizados más de 60 policías. Los bomberos y hasta los expertos del Metro se partieron la cabeza estudiando la conveniencia de perforar túneles paralelos que permitieran liberarlos sanos y salvos. El Defensor del Pueblo y ediles de IU instaron a que se velara por su integridad física y hasta el sindicalista Diego Cañamero actuó de mediador. Se activaron equipos sanitarios y, una vez llevados a la superficie, fueron trasladados en ambulancias a hospitales, donde se les sometió a chequeos médicos. Pues bien, después de que el sistema les dedicara tal cantidad de personal, tiempo y medios a costa del bolsillo de los contribuyentes, los okupas que se presentaban a sí mismos como héroes rebeldes han confesado que todo fue un puro montaje, una impostura, una trampa saducea con fines propagandísticos. El túnel había sido construido con asesoramiento de arquitectos y tenía una estructura de hierro reforzada con hormigón y vigas tratadas contra la humedad y las termitas (¿de dónde salió el dinero para todo eso?); jamás corrieron peligro, porque podían liberarse cuando querían de los grilletes a que se habían encadenado, como de hecho hicieron cuando no tenían policías a la vista ("nos estirábamos, hacíamos nuestras necesidades y bebíamos", han declarado); escondieron en las galerías un teléfono móvil con el que se mantenían en contacto con sus colegas y conocían la evolución de los acontecimientos, y también colocaron una cámara oculta conectada con el exterior para poder presentar como "tortura" las actuaciones o las palabras de unos policías y bomberos sometidos a la presión psicológica de enfrentarse a una situación insólita en que aparecían como verdugos de unas falsas víctimas en vez de como sus salvadores. Los okupas, con su discurso de la mentira, se han desenmascarado ante toda Sevilla. Como ha dicho la edil Nieves Hernández, han perdido, si alguna vez la tuvieron, la credibilidad.

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