en tránsito

Eduardo Jordá

Imprevisión

LA escena: el comedor de un hotel de una ciudad andaluza, a eso de las 22:30. Un grupo ruidoso brinda y chilla y suelta risotadas como si estuviera celebrando una despedida de soltero. Casi todos son jóvenes tipo Gran Hermano, pero en el grupo también hay una marujona que parece hacer el papel de Mercedes Milá. La señora dirige el cotarro y va preparando el terreno para las carcajadas y los gritos. En un rincón del comedor hay un policía con cara de sueño. A la entrada del hotel hay un coche de la Policía. Todo eso me extraña. Cuando pregunto en conserjería, me dicen que aquel grupo del comedor es un jurado popular. Sus componentes llevan mucho tiempo en la ciudad, alojados en el hotel, porque asisten a las sesiones de un juicio enrevesado que no se termina nunca. ¿Y qué hace allí la Policía? El conserje me explica que los miembros del jurado son testigos protegidos. Vayan a donde vayan, un policía debe ir con ellos.

Cuando me voy a la cama, me pregunto cuántos jurados como éste estarán alojados en este mismo momento en nuestro país. Y me pregunto si alguien hizo el cálculo del coste económico que iba a suponer una reforma legal como la introducción del jurado popular en 1996. Porque ahora mismo estamos sufriendo toda clase de recortes en salarios y en prestaciones sociales, pero esos miembros del jurado siguen alojados en un hotel, con cargo al contribuyente, sin que hasta el momento se haya demostrado la utilidad de su presencia en un juicio. De hecho, ya se han tenido que repetir juicios muy importantes porque los veredictos del jurado fueron una chapuza.

En teoría, cualquiera de nosotros puede ser elegido para participar en un jurado, pero en la práctica sólo suelen presentarse las personas que no tienen cosas más importantes que hacer. Si uno tiene trabajo o familia o distracciones propias, lo normal es que no quiera perder su tiempo en un jurado. Y entonces tan sólo quedan como elegibles los candidatos que tienen muchas ganas de pasarse una temporada gratis en un hotel.

Escribo esto sin saber si hemos solicitado o no el rescate bancario a Europa. Llevamos tanto tiempo viviendo entre rumores y mentiras que quizá ya dé igual. De una forma u otra, vamos a ser rescatados porque hemos demostrado que somos incapaces de financiarnos por nosotros mismos. Pero es bueno saber en qué clase de tonterías se gasta el dinero un Estado que no es capaz de asegurar los sueldos de médicos y profesores o la atención a las personas dependientes. La crisis tiene muchas causas, y no sólo hay que echarle la culpa a los especuladores. Nuestra imprevisión y nuestra estupidez también tienen su buena parte de culpa. Y si no se lo creen, pregunten a los señores del jurado que ríen y alborotan en vísperas de un juicio.

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