hoja de ruta

Ignacio Martínez

Impuestos

ANDA la parroquia tan inquieta con los recortes, que casi nadie piensa en aumentar los ingresos en las arcas del Estado. Ya saben, los impuestos. De momento, sólo hablamos de ellos como sujeto literario. El dicharachero ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, mucho más suelto de maneras que en su anterior estancia en el Gobierno de José María Aznar, nos recordaba hace días una frase famosa del político, científico e inventor Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos.

Franklin pontificaba en una carta enviada el año de la Revolución Francesa (1789) a un enciclopedista, el también inventor Jean Baptiste Leory: "En este mundo no se puede estar seguro de nada, salvo de la muerte y de los impuestos". Esta cita de autoridad la ligó el ministro andaluz con otro concepto, el de los impuestos equitativos: obligatorios pero en función de nuestra capacidad de pago. Una frase que es igual a la utilizada por otro insigne americano, el presidente Roosevelt, durante la gran depresión en los años 30. Como ven, hasta aquí pura literatura.

Franklin Benjamin inventó muchas cosas, la más famosa el pararrayos, pero también las gafas bifocales, artilugio que permite ver con dos enfoques distintos por un mismo cristal. Instrumento ideal para una discusión de impuestos. Nadie explica qué cambios legales y de procedimiento se van a llevar a cabo para que España deje de ser una campeona europea de la economía sumergida.

Tampoco se habla de cómo administrarlos. El profesor Joaquín Aurioles, uno de los economistas de cabecera de este diario, ha expuesto en alguna ocasión una idea para simplificar la recaudación. Según su criterio, los impuestos relacionados con el beneficio, IRPF y sociedades, que tienen relación directa con la distribución de la riqueza, deben financiar a la Administración General del Estado. Los que afectan al consumo, IVA y especiales, deberían sufragar a las comunidades autónomas. Y los que atañen a los bienes raíces, a los municipios. Es una aportación. Toda ayuda es poca. Uno de los genios de la humanidad, Einstein, dijo que lo más difícil de comprender en el mundo es el impuesto sobre la renta.

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