Tribuna Económica

gumersindo Ruiz

Incertidumbre, ¿qué incertidumbre?

Gurmersindo Ruiz arroja luz sobre el término que Paul Krugman utiliza para argumentar las decisiones, acuerdos y políticas utilizadas y el modo en el que afecta a la economía.

Estoy con Paul Krugman en que se hace un uso interesado de la incertidumbre como argumento para que las decisiones, los acuerdos, las políticas, se adapten a lo que una corriente de pensamiento dominante pretende. Desde hace un tiempo vivimos bajo la presión de que hay que despejar la incertidumbre política en España a cualquier coste, pactando lo que sea, con la presunción de que así se encauzará adecuadamente la economía. Pero los argumentos y las relaciones causa-efecto que se establecen entre incertidumbre, menos inversiones y menos empleo, son muy endebles, y responden a una lógica que no tiene en cuenta las motivaciones dispares de las empresas en distintos sectores productivos. Y tampoco si las inversiones son reales o compraventas especulativas, ni los diferentes tipos y niveles de consumo, o en qué situación está la economía y su entorno, y si ocurren otros hechos determinantes. Por ejemplo, el momento de incertidumbre más fuerte que hemos vivido en España en los últimos años fue en el verano de 2012, que se despejó gracias a la intervención del país por la Unión Europea, y sobre todo por la del Banco Central Europeo que ha permitido que el Estado se endeude masivamente, y ha apoyado a los deudores privados con tipos de interés cercanos a cero.

Aunque por definición la incertidumbre no se puede medir (se mide el riesgo mediante análisis de probabilidades), hay un índice de la incertidumbre económica debida a la política (www.policyuncertainty.com), que se construye para algunos países a través de miles de referencias de medios de comunicación, y comprobación posterior de resultados. Actualmente marca menos de 100 para Estados Unidos, India, Italia, Japón y Rusia; alrededor de 150 para Alemania, Australia, Canadá y España; 250 para China y Francia; y Gran Bretaña sube a 400, lo que no ocurría desde 2012. Para valorar adecuadamente estos números hay que mirar las medias de cada país en los últimos años, pero de todas formas indica una situación general de elevada incertidumbre política que afecta a la economía. La situación en que vive Gran Bretaña, si persiste y se añaden malas noticias, va a repercutir sin duda en la economía del país; sin embargo, a corto plazo, el efecto se ha amortiguado por el papel equilibrador de la libra, flotando libremente en un entorno de políticas monetarias excepcionalmente expansivas. Esta capacidad no la tenemos en España, pues aunque más para bien que para mal, estamos atados al euro.

Las incertidumbres son circulares, y no una relación lineal que va de la política a la economía; de hecho, por la incertidumbre en que viven millones de personas debido a la precariedad de su situación económica, se produce la incertidumbre política. Esto vale para España y Gran Bretaña, por ejemplo y otros países donde los resultados de las votaciones pueden interpretarse en parte como una manifestación de incertidumbre política a causa de una incertidumbre económica fundamental. Las tendencias de mercado y políticas económicas que han favorecido o permitido esta situación, puede decirse que en alguna medida son responsables de las consecuencias políticas, y no al contrario.

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