Crónica personal

Pilar Cernuda

Indecencia política

EN Pinto, una ciudad del sur de Madrid, se acaba de perpretar una indecencia política. Sí, indecencia, no porque se hayan puesto de acuerdo -una vez más- el PSOE e Izquierda Unida para desalojar a quien había ganado las elecciones (no hay más que mirar hacia cualquier punto de la geografía para advertir que los socialistas se alían con quien haga falta, hasta con cuatro partidos más, para gobernar allí donde el PP se ha quedado a un escaño o un concejal de la mayoría absoluta). Pero lo de Pinto clama al cielo porque lo ha hecho con un tránsfuga, que además está bajo sospecha de haberse dejado comprar por unos empresarios de los que abominaba, y a los que ahora apoya con uñas y dientes. El concejal está dispuesto ahora a respaldar el proyecto de esos empresarios, a los que ha hecho frente hasta que, qué casualidad, le han comprado su piso por alto precio. Tanto, que con ese dinero se ha podido comprar un chalet.

En Pinto se acaba de perpetrar una indecencia política. Por apoyar una operación que huele muy mal -tanto si se trata de llevar adelante un proyecto urbanístico como si se trata de dar entrada nuevamente en el Ayuntamiento a quienes habían perdido sus cargos- y sobre todo por apoyar esa operación a través de un tránsfuga. Es decir, una persona desleal con el partido en el que hizo carrera política y al que debe su cargo. Y es además una indecencia porque, no hace mucho tiempo, PSOE y PP acordaron que jamás, jamás, formarían parte de una operación basada en un tránsfuga. Pacto que, cuando lo confirmaron, acompañaron con toda clase de declaraciones de rechazo hacia ese tipo de espécimenes que hacen política a base de traiciones.

Se quejan los políticos de que su imagen queda muy deteriorada cuando se les acusa de absentismo. Y tienen razón, el absentismo no significa que no trabajen, sino que no se encuentran en e hemiciclo, que es distinto. Pero cuando un político no cumple un pacto o un acuerdo, cuando miente y cuando apoya una operación que huele a corrupción por todas partes, ese político merece que se le coloque en el sitio que le corresponde: el del desprecio.

Mal comienzo el de Tomás Gómez como secretario general de l socialistas madrileños. Mal Leire Pajín, que como secretaria de organización del PSOE está obligada a impedir ese tipo de mociones de censura que van contra la ética, la estética y lo acordado. Mal Pepe Blanco, por alentar el "todo vale" con tal de conseguir un Ayuntamiento sin que le importe con qué tipo de personaje se monta la operación. Y mal Zapatero, responsable máximo, que siempre quiere dar lecciones de rectitud, de buen comportamiento y de azote de corruptos.

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