Crónica personal

Pilar Cernuda

Indecencia

DEL "papeles para todos" a ordenar a la Policía de Madrid que detengan a treinta y tantos inmigrantes ilegales a la semana, con premio incluido para quienes lo consigan: unos días de vacaciones.

Que hay que tomar determinadas medidas para controlar la llegada masiva de inmigrantes, y que efectivamente no se puede documentar a todos ellos, es evidente. Pero lo que clama al cielo, lo que es una indecencia porque indica una actitud hipócrita y falsa, es que el mismo Gobierno que ha llamado xenófobos y racistas a quienes criticaron al anterior ministro de Trabajo cuando legalizó masivamente a los inmigrantes ilegales que se encontraban en España sin excesivo rigor para comprobar que cumplían los requisitos exigidos, esos mismos hayan dado instrucciones a policías madrileños -y quizá de otras ciudades- para detener a inmigrantes con la exigencias de conseguir un cupo semanal de ellos, y con la instrucción añadida -intolerable, una indignidad- de que detengan preferentemente a ciudadanos marroquíes, porque es más barato el traslado a su país de origen.

Si el propio Gobierno renuncia a sus principios, apaga y vámonos. Si el Gobierno da ese trato a los inmigrantes mientras presume de una política de inmigración que vela por el respeto a los inmigrantes aunque no hayan conseguido regularizar su situación, si les persigue teniendo en cuenta el coste de su repatriación y no su trayectoria, si pone objetivos a la Policía de tantos por semana como si se tratara de meter ganado en un redil sin tener en cuenta las circunstancias vitales de los que detienen… todo esto produce una sensación absoluta de engaño. Una vez más. Las palabras solidarias se las lleva el viento con esta actuación deleznable, y más aún cuando desde este Gobierno se han hartado de llamar de todo, menos bonito, a quienes pedían cierto sentido común en los proyectos de regularización masiva.

Que se hicieron a espaldas de la Unión Europea y con las críticas de la Unión Europea, hay que recordarlo. Como hay que recordar que el actual ministro de Trabajo, Corbacho, que sí conoce de verdad el problema de la inmigración, fue acusado de todo cuando promovió una idea absolutamente lógica: que se cortaran las contrataciones en origen mientras hubiera tanto paro en España. Escuchó de todo, todo malo, incluso de parte de sus compañero de Gobierno. Los mismos compañeros que ahora pondrán cara de póker cuando les pregunten por esa norma indecente de la Jefatura de Policía de Madrid: hay que detener a 35 inmigrantes ilegales a la semana, preferentemente marroquíes, porque es más barato mandarlos a casa.

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