el periscopio

José / Ignacio / Rufino

El 'Índice Torrija'

PARA evaluar el estado económico de un territorio utilizamos indicadores, normalmente basados en la contabilidad y estadística públicas. Crecimiento del PIB, PIB per cápita, IPC, tasa de paro, niveles de consumo e inversión o saldo exterior son elementos de diagnóstico clásicos que, en los últimos tiempos, nos permiten caer en lo mal que vamos. Pero existen otros indicadores alternativos, que no por juguetones dejan de tener valor. Por ejemplo, el Índice Big Mac que publica The Economist. Es sencillo y poderoso, aunque muy dolarcéntrico: se trata de ver cuánto vale una hamburguesa Big Mac en los distintos países, para a partir de ese valor calibrar el coste de la vida de un determinado país y la correcta valoración del tipo de cambio de su moneda con respecto al dólar. Ahora, la revista sin firmas da un paso adelante, y oportunamente lanza un nuevo índice: el Pancake Index, o sea, el Índice Crêpe. Aunque aquí no es costumbre el panqueque, los anglosajones creyentes y ateos celebran (o lamentan) el paso del carnaval a la Cuaresma poniéndose tibios de crepes variados. No somos de crepe aquí, es cierto: lo nuestro es el pestiño y la torrija.

A parecer, el origen de esta tradición que, en el fondo, es un rito de paso estacional, radica en ponerse tibio de grasa y calorías ahora, en el momento en que el carnal refocile se acaba: algo es algo. La torrija utiliza los ingredientes de un crêpe, pero los combina de otra forma y en otro orden. Harina, mantequilla o aceite, leche y huevos... más la miel que, en nuestro caso, hay que agradecer a los moros que tanto tiempo vivieron por aquí. Japón es el país donde más caro sale comerse un panqueque a día de hoy, mientras que la India es donde sale más barato. Nada es perfecto, y este índice tampoco, por lo que habría que combinar el Índice Big Mac (que intenta ajustar la capacidad adquisitiva en cada sitio) con el Índice Torrija, que sintetiza el coste de los alimentos básicos, para tener una idea ajustada de lo que cuesta sobrevivir.

España afronta la dureza de una situación que no para de empeorar y amenaza con darnos un gran empujón hacia atrás en nivel de vida (supuesto caso que éste se mida mediante la intensidad del consumo). Los ingredientes de la receta de nuestra gran torrija nacional este 2012 y algún otro año más vienen a ser: devaluación salarial, metamorfosis laboral, presión fiscal creciente, consumo menguante, coste de la vida rampante. Mézclense y cocínense a su amor, y cómanse el resultado con algún licorcito que ayude a engullir el bolo traicionero.

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