Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

'Infracharly'

NO se fabrica mala ficción en España. La mayoría de las series españolas son muy aparentes y están mejor contadas, mejor grabadas (tal vez no mejor interpretadas, depende) que las de diez, veinte y treinta años atrás. Incluso seriales como Amar... o nuestro autóctono Arrayán son más que decentes si se piensa en sus limitados medios o en las prisas con que se elaboran. Las productoras españolas realizan buenas series, aunque no se tracen buenos argumentos y aunque, previa petición expresa de las cadenas, se destrocen buenas tramas por encargos comerciales o por inclusiones forzosas generacionales (como ese latazo de tener que aguantar a tantos niños). Cuando una serie desbarra por chapucera, por unos diálogos manifiestamente malos o por unas interpretaciones con menos entusiasmo que el rictus de Carmen Lomana, lo nota de forma clamorosa cualquier espectador del siglo XXI. Eso es lo que le pasa a Supercharly y es comprensible que a los directivos de Telecinco se les helara la sangre cuando contemplaron el primer capítulo.

Para aprovechar los cinco episodios grabados la cadena amiga los ha puesto en la noche del domingo así, a voleo, a ver qué pasa, como si hubieran puesto una trampa para gamusinos en el campo. Supercharly está mal hecha, pero, ojo, tiene ese encanto de lo entrañablemente cutre. Como es tan simple, como si fuera una función de teatro de aficionados, y los niños que aparecen actúan tan rematadamente mal, tuvo un resultado de audiencia aceptable en su estreno. Incluso me temo que esta noche puede subir en sus índices, lo que nos haría reflexionar sobre los gustos y exigencias de la audiencia española. Es decir, Telecinco tiene que tirar por la borda una serie tan magnífica como Acusados, porque rechina en su parrilla, y ahora van a tener que recontratar a Infracharly.

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