Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

Jazmines

EN estos días estoy trabajando en una versión escénica del Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca. Y sus versos dan vueltas en mi cabeza. "... Avisad a los jazmines con su blancura pequeña".  Y de repente me doy cuenta, que como todos los veranos, han llegado los jazmines que nos acompañarán también durante agosto. Esos meses de agosto en los que perdimos a Ignacio y a Federico. Jazmines que con su delicado aroma y  su leve tacto en nuestra piel, pueden unir presente y pasado, madurez e infancia en un solo instante. Y si forman parte de una frágil moña confeccionada con esmero y disfrutada con placer íntimo, se convierten en mucho más.  Son esos jazmines recogidos a través de las verjas, en las casitas de Nervión o el Porvenir. O en los macetones de cualquier azotea.

Cada año vemos recorrer las terrazas a los vendedores de moñas de jazmines acercándose a las mesas, ofreciendo su producto. Y me parece que se mantiene entre nosotros algo sencillo y profundo. El  simple  gesto de ofrecer y aceptar una moña de jazmines  es como un pequeño nudo de la red que teje nuestra forma de vida. ¿Que significa ese gesto? Lo percibo como la punta del iceberg del compromiso que cada uno de nosotros tiene con una ciudad y una forma de vivir. Como una humilde pieza de ese patrimonio inmaterial que la Unesco también aconseja defender y conservar, cuando dice: "El patrimonio inmaterial no es solamente sede de la memoria de la cultura de ayer, sino también el laboratorio donde se inventa el mañana".

Es importante conseguir salvar  un importante edificio como la Iglesia de Santa Catalina, una joya arquitectónica e histórica por los cuatro costados. Que se afiancen las campañas y movilizaciones para sensibilizar a los sevillanos sobre la arquitectura industrial en peligro como la fábrica de vidrios de La Trinidad y la fábrica de sombreros de la calle Castellar.  Con mayor o menor dificultad este tipo de cuestiones y debates empiezan a tener arraigo ciudadano y a estar presentes en los medios de comunicación. Pero si miramos a nuestro alrededor, hay una ciudad y una manera de vivir que se nos escapa entre los dedos, como el goteo continuado e inexorable de nuestros cines de barrio convertidos en supermercados. Como el cine Rialto y el cine Regina, el cine  Alcázar y el cine Bécquer, un raro ejemplo de arquitectura del siglo XX. Se dirá que hay que marcar prioridades. Que no tenemos recursos para proteger todo. No pienso en las instituciones, sino en cada uno de nosotros.

Una simple moña de jazmines alimenta el fluido sensible que respalda esas iniciativas y que defiende una ciudad que también está compuesta por cosas sencillas y cotidianas. Recordemos unos versos de Villaespesa que referidos a los jazmines, bien pudieran ser leídos evocando a nuestra ciudad: "¡Jazminero, tan frágil y tan leve/ que bastara con un soplo de aliento/ para que disipases en el viento/ tu intacta castidad de plata y nieve!...Y, también como tú, también exhala/ sobre el eterno ensueño de las cosas/ un perfume de amor, luna y olvido".

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios