crónica personal

Pilar Cernuda

José Blanco, no indiferente

LO ha dicho él mismo, "seré neutral, pero no indiferente". El hombre fuerte del partido, el vicesecretario general, el número dos del PSOE, la persona a la que más debe políticamente Zapatero, afronta el proceso de sucesión con una idea muy clara, mantenerse al margen de la contienda -si la hay, nada se sabe de las primarias-, pero sabiendo que su corazón y su cabeza se inclinan por una fórmula muy concreta, que no desvela. Los que le conocen bien aseguran que ese corazón y cabeza respaldan a Rubalcaba, con el que mantiene una buena sintonía desde hace años aunque han surgido algunas diferencias en los últimos meses -cuentan por ahí- porque Blanco apostaba por Elena Valenciano para la secretaría de Organización en sustitución de Leire Pajín mientras que Rubalcaba apoyó la idea de Zapatero de designar a Marcelino Iglesias.

El hombre neutral pero no indiferente va a dirigir la campaña electoral del PSOE. Ésta, la de las municipales y autonómicas, y previsiblemente también las generales, a no ser que el PSOE sufra una convulsión interna aún mayor de la que ya sufre, salte todo por los aires, se celebre congreso extraordinario para elegir nueva ejecutiva y Blanco quede desplazado en su poderío. No es el escenario que se maneja, aunque todo puede ocurrir en un partido en el que cada día que pasa aparecen más problemas en el horizonte. Pero de momento es Blanco quien maneja los hilos del partido, decide sobre los candidatos, marca la línea a seguir ante los escándalos que llegan todos los días desde Andalucía y que salpican nada menos que al presidente del partido, y además se ve obligado a intervenir para tapar a su manera la brecha cada vez más profunda que existe entre la gente de Griñán y la gente de Chaves, brecha que amenaza con llevarse al Gobierno andaluz por delante.

Blanco es un genio de la estrategia electoral y política, su acidez contra la oposición causa estragos y es conocida su capacidad de provocar que un candidato renazca de sus cenizas. En esta ocasión, sin embargo, todos los hados se han conjuntado contra su partido, que no contra él, y no es difícil adivinar que le van a ir mal dadas aunque ponga todo su empeño, que lo pondrá, en superar la suma de obstáculos que se le presentan.

Va a ser neutral aunque no indiferente. Todavía no se conocen los candidatos a la sucesión. Todo el mundo da por hecho que Rubalcaba será el próximo cabeza de cartel pero no ha dicho una palabra, mientras que desde el entorno de Carme Chacón se transmite que la ministra va a dar el paso, pero aún no se ha pronunciado. Y hay dirigentes que acarician la idea de crear una plataforma en torno a otra figura, como hizo Nueva Vía con Zapatero hace once años. Pero, conociéndole, Blanco intentará -seguro- unificar criterios y lograr una sola candidatura.

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