Desde mi córner

Luis Carlos Peris

José María Cruz, in memóriam

Cisnerista convencido, nos deja uno de los ideólogos de un Sevilla grande y aguja de marear de sus dirigentes

CUMPLÍA su Sevilla del alma una cita de lujo en rodeo propio y sobre la vertical del estadio caía a plomo su sombra, su recuerdo, su andadura de sevillista íntegro, cabal y aguja de marear de varias generaciones de correligionarios. Jugaba el Sevilla y él estaba de cuerpo presente, pero su alma revoloteaba por aquella obra de Ramón que es orgullo de todo sevillista que se precie. José María Cruz no pudo ver a su Sevilla anoche contra el Rangers porque veinticuatro horas antes se le había negado en redondo el corazón a seguir latiendo por ese mismo Sevilla que fue su faro y también su dolor en tiempo de vacas escuálidas.

José María fue un cisnerista a machamartillo que sufrió como pocos la defenestración de aquel abogado ambicioso que quiso devolver al club a las cotas que disfrutó con Pizjuán. Pero aquel mediodía de diciembre de 1972 con el Baracaldo dictó sentencia el sevillismo contra José Ramón y José María Cruz, como Del Nido padre, como Pepe del Río, Luis Cuervas o el gran Joselito Rubio sufrieron en sus propias carnes el martirio oprobioso a que condenaron a un presidente con ínfulas cesaristas, pero de un sevillismo innegable. Y a partir de entonces, José María Cruz soñaba con un tiempo en el que a diario pudiera uno congratularse de ser sevillista.

Se ha podido José María morir tranquilo porque ese día llegó, y, por si fuera poco, de la mano de unos de sus discípulos dilectos, de ese José María del Nido al que conocía desde su nacimiento. Y, además, un además aún más gozoso, el de que su hijo sea la mano derecha del presidente en el pescante desde donde se han llevado las riendas hasta las cotas actuales. La última vez que estuve con él, el último abrazo que nos dimos, fue con ocasión de un acto en la peña sevillista que lleva el nombre de Cisneros. Hace poco más de un mes y guardo caliente ese último abrazo porque provenía de un hombre cabal, de un amigo incondicional que se quedó anoche sin ver a su Sevilla.

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