Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Juntos podemos

A los nacionalistas catalanes y vascos no les ha gustado el discurso del Rey en Navidad. Tampoco al nuevo jefe de Izquierda Unida, Cayo Lara, que ha tomado el timón de la nave comunista con la vieja aspiración del PCE de hacer una huelga general política. Para protestar por la crisis. A Lara le parece que el discurso ha estado fuera del mundo y de los problemas reales. Aunque el Rey ha hablado del problema del paro, de la crisis económica, de la violencia de género, del terrorismo, del aniversario de la Constitución y hasta de los accidentes de tráfico.

A Erkoreka y Durán, los jefes de delegación en el Congreso del PNV y CiU no les ha convencido por razones obvias. El papel de los nacionalistas es pedir siempre más, cualquiera que sea la concesión alcanzada con anterioridad. "De momento, queremos esto y lo otro". Y el principal problema no es esto o lo otro, sino el "de momento". Porque cuando se termine esa fase y entremos en otra, habrá nuevas reivindicaciones sobre la mesa. Erkoreka niega que la Constitución fuese fruto del consenso y la concordia, a pesar de la altísima cuota de autonomía que le concedía al País Vasco, basada sobre todo en unos privilegios fiscales que son motivo de agravio para Cataluña, sin ir más lejos. Durán, precisamente, echa de menos en el discurso una alusión al nuevo sistema de financiación que anda vendiendo con éxito Zapatero a los presidentes autonómicos de todo signo. Cataluña aspira a un sistema de cupo como el vasco. Está harta de ser el principio pagador del Estado.

En fin, el discurso de Navidad del Rey podría resumirse en una frase juntos podemos, del estilo del Yes, we can del presidente Obama. Dijo en realidad "juntos podremos", cuando habló de la crisis económica y financiera y ofrecía una receta que suena al "sangre, sudor y lágrimas" de Churchill. Don Juan Carlos sostiene que hace falta realismo, rigor, ética y mucho esfuerzo. Habría que añadir que las fuerzas políticas deben olvidarse de su deporte favorito: el sectarismo partidista. El Rey también lo subraya cuando pide consenso y coordinación en la acción exterior, para abrir mercados a nuestros productos. Y no olvida parte alguna del mundo, salvo Oceanía: Europa, Estados Unidos, Iberoamérica, el Meditarráneo, África, Asia.

Su pasaje sobre ETA es impecable: "Nuestros derechos y libertades no pueden ser violados o amenazados por los profesionales del terror". Y se puede salir de la crisis, tirando del carro en la misma dirección. Habla el Rey de una España moderna, unida, solidaria y diversa. Lo único indiscutible es lo último; no creo que este país sea todavía moderno y desde luego el juego cada vez más fuerte de las autonomías está hipotecando la unidad y solidaridad interior.

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