Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Como el Kiko

ISABEL Pantoja se redime de sus enfrentamientos tomateros y todo lo que representa Jorge Javier Vázquez queda perdonado por la ex semialcaldesa. La cantante lava su imagen con una blancura nunca conocida en su querida Marbella. La pera: Isabel en un plató de Telecinco al día siguiente de su churretoso biopic en Antena 3. "Pero ¿esto qué es?" reiteraría en su retórica pregunta Matías Prats.

Isabel Pantoja sonríe al alma de Aquí hay tomate. Conciencia ficción. No hablamos de ética, sino de televisión en sí. De un cacharro sin alma: los espectadores de Telecinco se divierten y la ex novia de Julián Muñoz congrega en una noche de veranillo tantos curiosos como la selección, el Madrid o el Barcelona. Cuando los intereses económicos entran por la cuenta corriente, la dignidad suele salir por la ventana. Y los funcionarios judiciales pueden llamar en cualquier momento a la puerta, también.

Kiko Rivera ha aprendido rápido. No era tan hueco el Paquirrín como lo pintaban. Es un tipo que sabe torear (dialécticamente), con sentido del humor y una vis cómica que casi todos desconocíamos. Su redescubrimiento se lo debemos a La Sexta, que conste. Kiko va a dejar en pañales a todos los principados y ha tomado de la mano a su necesitada madre para que se sume a esta espectacular ola. Como una ola, sí, Isabel.

Podríamos tirar todas las piedras del mundo contra Jorge Javier Vázquez, pero es un tipo que, con el colmillo escondido, se arrima a las tablas y sabe fabricar espectáculo. Con guasa, exprimió al máximo esa chirriante estampa de Isabel Pantoja de la mano de su hijo, presta a confesar. J.J. es un hacha con la casquería y Telecinco le aclama cuando alza el cuchillo. El momento Pantoja cumplió las expectativas de propios y extraños. Añadan los calificativos que quieran, pero esa es la televisión que se ha impuesto. Supervivientes con mucha cara.

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