El Currinche

Iñigo Ybarra

Lamentos antiguos

LA rueda del tiempo ha dado otro giro y ya tenemos la cuaresma encima. El próximo miércoles una pizca de ceniza marcará la cruz en la frente de los creyentes, sean grandes pecadores o cándidas almas benditas, en tanto el oficiante les susurra: "Conviértete y cree en el Evangelio". En tiempos pasados en vez de dicho consejo musitaban otro más contundente: "Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás". Oírlo y sufrir un incontrolable temblique mental era todo uno. La frase ha cambiado pero el rito, y el significado del mismo, no. A fin de cuentas nada nuevo hay bajo el sol, y menos bajo el inclemente sol sevillano.

Tengo a la vista una carta dirigida en mayo de 1956 por don José Montoto, quien fuera durante décadas director de El Correo de Andalucía, a don José Sebastián y Bandarán, capellán real y canónigo. Los dos eran entrañables personajes de altura y predicamento en la ciudad de entonces. Lo curioso de la epístola, cuya escritura se comprende por la amistad y el respeto sentidos entre periodista y eclesiástico, es la actualidad del asunto que trata: la conversión de la catedral en museo. Los lamentos del señor Montoto tienen la clara justificación que señala en sus frases: "El Cabildo, por razones que no se nos alcanzan a los sevillanos, ha tenido a bien mandar cerrar las puertas de la catedral y dejar sólo abierta la de los Palos, en la que se ha instalado una taquilla". En aquella taquilla, quiosco de tablones pintados de verde carruaje, tan sólo se vendían entradas para subir a la Giralda o visitar el tesoro catedralicio, pues en el resto del templo era permitido el libre tránsito. Pero esa pequeña limitación le parecía demasiado a quien siempre había disfrutado de entrada franca por cualquiera de las puertas, situación que le anima a sentenciar: "La catedral cada día es menos templo para venir a ser como un museo. Y consiguientemente cada día está más desierta de fieles. La Virgen, que en las escasas horas que se podía ver nunca estaba sola, lo está ya muchos ratos."

José Montoto falleció en 1977. No llegó a conocer el cierre del Patio de los Naranjos, ni la profusión de guardas, azafatas y vallas metálicas en la Catedral. Es difícil imaginar la carta que mandaría en la actualidad, o si trataría el asunto en su columna Pajaritas de Papel, pero es fácil deducir que aquel buen sevillano de Lora del Río fue un señor muy clarividente.

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