La ciudad y los días

Carlos Colón

Libros y flores: la fórmula Fantin Latour

HE buscado el sosiego en todas partes y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos". Esta frase se atribuye a Tomás de Kempis, autor de uno de los libros más hermosos, leídos e influyentes de la historia, la Imitación de Cristo que fascinó y alimentó por igual a clérigos y laicos, antiguos y modernos, Bossuet y Voltaire, Unamuno y Juan XXIII. 600 años después sigue teniendo razón este clérigo alemán del siglo XV. Como dos mil años después la sigue teniendo Cicerón, al recomendar como camino hacia la felicidad sosegada una biblioteca y un jardín. Un rincón apartado y un libro en las manos: como el pagano del siglo I antes de Cristo y el clérigo del siglo XV, no conozco mejor receta para hallar el sosiego. Da igual que se trate de ensayo o ficción, poesía o prosa, literatura de severa reclusión (en lo más hondo del ser, la vida y las cosas) o digna evasión. Lo importante es el libro y el rincón apartado que, además de ofrecer tranquilidad, nos permite leer sin pedantes mediaciones seudo culturales, por puro gusto de leer, pasión de conocer, vértigo de ser, a solas el autor y nosotros en esa intimidad que se da al leer en soledad lo que en soledad ha sido escrito precisamente para derrotar las peores soledades, fundando esa fraternidad universal que Joseph Conrad describió como nadie en su famoso prólogo a El negro del Narcissus que tanto me gusta citar: "El artista apela a nuestra intuición del misterio que rodea la vida; a nuestro sentido de piedad, la belleza y el dolor; a la latente sensación de hermandad con todo lo creado, y a la sutil pero invencible fe en la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones".

Y bajando más a tierra hay que decir que los libros hasta perfuman y decoran. ¿Conocen olores más gustosos -salvo el de la ropa al recogerse de los tendederos y el del pan- que el del papel de los libros? ¿No pierden tiempo de lectura pasando despacio sus hojas para reconocer el olor propio y distinto de cada uno de ellos? ¿Conocen algo que haga más íntima, acogedora, invitadora, acurrucante y gustosa una habitación que los libros?

Libros y un jarrón con flores, la que podríamos llamar la fórmula Fantin Latour, quien tan bellos cuadros de lectoras y de flores pintó, bastan para que la más modesta habitación sea un palacio. Y un puerto desde el que, como escribió Emily Dickson, parten hacia los más remotos destinos esas naves de papel llamadas libros. La Plaza Nueva y la de San Francisco, desde hoy hasta el 16, son un puerto en el que amarran miles de esas naves. Empieza la Feria del Libro 2010.

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