La ciudad y los días

Carlos Colón

Llanto por Cyd Charisse

COMO no había nacido en San Petersburgo, sino en Amarillo (Texas), y quería ser bailarina clásica, renunció a su nombre de Tula Ellice Finklea para aparecer como Celia Sidorova en los Ballets Rusos. Pero el dios del espectáculo musical la llamaba por otros caminos y, en su tránsito del ballet a la comedia musical, su nombre sufrió otras metamorfosis. Primero el Tula Ellice natal y el Celia artístico se transformaron en Syd, evolución del familiar Sis (sister) con el que la llamaba su hermano, que al final la Metro convirtió en el más sugestivo Cyd. Después le añadió el apellido de su primer marido, el bailarín Nico Charisse, conservándolo como nombre artístico tras su segundo matrimonio con el cantante Tony Martin. Esta boda le brindó uno de los dos récords que batió en su vida: gozar del matrimonio más longevo de Hollywood, desde 1941 hasta el pasado 17 de junio en el que -¡ay!- falleció a los 86 años. El otro récord se lo brindaron sus piernas, no sólo las más bellas de la historia del cine, sino las más caras: en 1952 fueron aseguradas en cinco millones de dólares.

El dios del espectáculo que la llevó por los caminos de la comedia musical fue Arthur Freed, el genial productor de musicales al que la Metro le debe sus fichajes y descubrimientos más espectaculares (Garland, Astaire, Berkeley, Kelly, Donen, Minnelli) y los musicales que hicieron su gloria desde El mago de Oz en 1939 a Gigi en 1958. Freed esculpió a esta grandísima bailarina y excelente actriz de voz de terciopelo, rostro bellísimo, cuerpo espectacular y piernas legendarias. Entre 1944 y 1951 fue creciendo en papeles cada vez menos secundarios hasta estallar en 1952 al bailar junto a Gene Kelly el Broadway Melody Ballet de Cantando bajo la lluvia. Tras ello hipnotizó al mundo bailando con Astaire los prodigiosos Dancing in the Dark y Girl Hunt Ballet de Melodías de Broadway 1955 o el Paris Loves Lovers de La bella de Moscú, en que la bailaba sola el número más elegante y sugestivamente erótico de la historia del musical: el Silk Stockings en el que se desprendía de sus severas ropas soviéticas para ir revistiéndose de tentadora seda capitalista.

Si ha llegado a las puertas del Cielo envuelta en la capa roja en la que se aparecía en el ballet final de Melodías de Broadway 1955 y al entrar se la ha quitado con el mismo gesto, descubriendo el esplendor que proclamaban, medio ocultándolo, los largos guantes negros y el ajustado traje rojo, seguro que muchas almas se han arrepentido de no haber sido más cuerpos y algunos santos de no haber sido un poco más pecadores.

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