La campana

José / Joaquín / León

Lluvia de Viernes Santo

MAÑANA sale el Cristo de la Salud, de La Carretería, para presidir el Vía Crucis de las cofradías. Toca mirar al cielo. No es por ser agoreros, sino porque los pronósticos de la Aemet han dado lluvia para el lunes, y para casi siempre. Se podrá aprovechar un claro, habrá que confiar en la esperanza de unas horas de cielo despejado, pero nos sentiremos como en una tarde de Viernes Santo. Ahí la Cuaresma nos acerca los días del gozo.

Estas tardes tristes y lluviosas de febrero, ¿qué han sido sino anticipos de Viernes Santo? Incluso fuera de Sevilla, incluso en ambientes opuestos, se vislumbra ese presentimiento. El pasado lunes se suspendió el carrusel de coros en el Carnaval de Cádiz. Aunque es una fiesta radicalmente distinta, quedó un vacío que me evocaba algo conocido. Le escribí un correo electrónico a Antonio Burgos, pregonero de aquí y de allí, que suspendió su salida a la autopista por la lluvia: "Como ha llovido y no hay coros en las calles, no tengo sensación de Lunes de Carnaval, sino de Viernes Santo en Sevilla. Es como cuando cae el chaparrón de las seis y media de la tarde para que la Carretería se refugie en la Anunciación, el Cachorro en la Magdalena, y adiós muy buenas… Hasta me está entrando pena de no ver hoy al muñidor de la Mortaja (Sagrada Mortaja, según los cursis)".

Estas lluvias de febrero, sin oír al muñidor de la Mortaja, nos recuerdan a las de otros años en marzo o abril, nos suenan a nostalgia. Llueve con monotonía, como en la clase de Antonio Machado, como en una salmodia penitencial, pero de pronto te das cuenta de que ha llegado el momento de pedir las escaleras para subir a la cruz de las Tres Necesidades. Carretería sin túnicas azules de terciopelo, sólo con el Cristo de la Salud a hombros, cruzando el viejo barrio, no para quedarse en su parroquia del Sagrario, como en tantos traslados de Cuaresma, sino para presidir el Vía Crucis en la Catedral.

En los ojos cerrados de ese Cristo muerto está vivo el sueño presentido de otro Viernes Santo. En nuestros ojos abiertos, con los que miramos al cielo por si la lluvia, está la esperanza ya recogida de otra Cuaresma. Es también la duda del tiempo. Si llueve, o si no, mañana sentiremos por unas horas que vuelve a ser Viernes Santo en la Carretería.

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