Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Lolailo

MARINA Gatell está estupenda. Tiene que interpretar a un hombre que se ha convertido en mujer, andando patizamba con los tacones y moviéndose con ademanes toscos, alejados de su escultural femineidad. Es una buena idea, traída de Argentina. La cabecera de Lalola es sencilla y simpática y sus capítulos son, por ahora, intensos y, hombre, también simpáticos para tratarse de una telenovela. Los arquetipos no pueden variar en un género que no admite graves experimentos. Pero Antena 3 ha promovido una novedad con el arranque de su nueva propuesta vespertina. El domingo estrenaba una versión "al grano" de la historia. Y ayer lunes, con una voz narradora, repetía la jugada, pero más detenida, con más detalles en la narración, y de paso con dos capítulos para intentar enganchar a la clientela. Endosar muchas entregas seguidas es un mal de los programadores actuales, como ha sucedido en Cuatro con Betty. Una sobredosis nunca es recomendable.

Lalola es el típico serial de oficina y relaciones personales. En lugar de una fea, como en la competencia, la chica es un crápula en cápsula femenina, que se dedica a la publicidad. A su alrededor gira la amiga incondicional, el traidor o el muchachito. Con eso hay ovillo para dos centenares de capítulos si la audiencia asiente.

Lalo, que se ha convertido en Lola, usa a las mujeres con fugacidad y desprecio, lo que le lleva a la perdición de un hechizo. El protagonista, como publicitario, es especialista "en historias cortas que dejen buen sabor de boca". La publicidad queda a la misma altura que el cancaneo. Lástima que Lalola, que sería una magnífica miniserie, sea una historia colgada en la parrilla en una ristra interminable de episodios.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios