cuchillo sin filo

Francisco Correal

Maciste contra los fantasmas

MANUEL Moreno Alonso le puso intencionadamente ese título cuando introdujo y editó las memorias del general Palafox: Autobiografía de un héroe. Dice que nunca fue un héroe, que ni siquiera estuvo en Zaragoza peleando contra los franceses, que desde entonces no ganan el Tour de Francia. Ni héroe ni antihéroe, ya que esta categoría tiene connotaciones literarias de las que Palafox, omnipresente en los callejeros de media España, siempre careció. También está en el Museo del Prado, retratado por Goya en un cuadro de encargo que nunca le pagó al pintor aragonés.

Este otro libro podría llevar el mismo título porque el personaje se cree un héroe y lleva unos cuantos años escribiendo a golpe de titular su autobiografía. El libro en cuestión se titula Garzón contra el franquismo, un título de urgencia periodística que evoca las películas de romanos, el pepplum de Maciste contra los cazadores de cabezas o Maciste contra los fantasmas. Garzón no hizo nada contra el franquismo en la época en la que el antifranquismo se convirtió en un movimiento de contestación que se legitimaría como elemento sustancial de la democracia española. Aquel antifranquismo, banalizado y devaluado por los revisionistas a la violeta, se equipara en dignidad y trascendencia a fenómenos como la Ilustración o el liberalismo.

En Justicia, el vedettismo es siempre reprobable y en su caso el afán de protagonismo le ha hecho meterse en tres charcos de forma simultánea. Los que abanderan su efigie en la lucha contra el franquismo, macisteando a Garzón, extienden su solidaridad a las irregularidades de los juicios de las escuchas y de los viajes, porque este juez es de interiores y de exteriores. Julia Otero es de Mondoñedo, la patria lucense de Álvaro Cunqueiro. La periodista que conduce las tardes de Onda Cero comentó ayer con José María Calleja el juicio contra los etarras que pretendieron atentar contra Gorka Landáburu, al que le amputaron tres dedos y dejaron sin un ojo. Calleja contó que la víspera del atentado le insinuó a Landáburu que sentía que iban a por ellos. Ya son otros los tiempos, pero el periodista, con la emoción en la garganta, recordó que había vivido dos dictaduras, la franquista y la etarra, que nunca temió que Franco lo matara, pero sí que perdiera la vida en un atentado de esos salvadores de la patria.

El País Vasco vive otra época, afortunadamente. Con la paradoja de que los mismos que airean las pancartas de apoyo a Garzón en nombre de la memoria histórica de un tiempo remoto nos piden que hagamos amnesia de esa sinrazón de un tiempo mucho más próximo en aras de la concordia. Maciste contraataca y no se entera de la caída del imperio romano.

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